La madrugada del 2 de abril de 2026, exactamente a las 12:24 hora canaria, el cohete SLS de la NASA despegó desde el Centro Espacial Kennedy con cuatro astronautas a bordo de la nave Orión. Era el inicio de Artemis II, la primera misión tripulada hacia el entorno lunar en más de medio siglo. En ese momento, en Tres Cantos, Madrid, una treintena de ingenieros de Airbus Crisa llevaban meses sabiendo que parte de la responsabilidad de mantener vivos a esos astronautas recaía sobre un sistema que habían diseñado y fabricado ellos.
La contribución española no es meramente simbólica, sino que se encuentra integrada en el corazón técnico de la nave Orión, específicamente en su Módulo de Servicio Europeo. Ese módulo, desarrollado bajo el paraguas de la Agencia Espacial Europea, es el encargado de proporcionar la energía necesaria para todos los sistemas de la nave, controlar su orientación y maniobras, permitir la navegación en el espacio profundo y asegurar las condiciones de habitabilidad para la tripulación.
La pieza española en ese engranaje son las Unidades de Control Térmico, conocidas por sus siglas en inglés como TCU. Concebidas por un equipo de Airbus Crisa en Tres Cantos, gobiernan de manera automática un total de 377 dispositivos: 235 sensores de temperatura, 104 calentadores, 25 sensores de presión y nivel, 12 válvulas que regulan el suministro de oxígeno y nitrógeno, y la bomba del circuito de refrigeración. Al frente del proyecto está Jesús Ortiz, ingeniero industrial madrileño de 49 años con más de dos décadas en la compañía. Su tarea es sostener el equilibrio interno mientras la nave atraviesa un entorno donde las temperaturas exteriores pueden variar entre los -200°C en sombra y los 100°C bajo radiación solar.
La NASA, por primera vez en la historia, ha confiado a una empresa no estadounidense la construcción de algunos de los elementos críticos en una misión tripulada. Que esa empresa tenga sede en un polígono industrial de la sierra madrileña dice bastante sobre la posición que España ha ido construyendo dentro del programa.
Junto a Airbus Crisa, la empresa ALTER Technology se responsabiliza de la fiabilidad de los componentes críticos del sistema, y la empresa Integrasys monitoriza la misión desde una antena instalada en Sevilla. La aportación española a cada módulo de servicio se sitúa en torno a tres millones de euros.
El flanco científico lo cubre la Universidad de Alcalá. Sus investigadores, vinculados al instrumento EPD de la misión Solar Orbiter, colaboran en la evaluación de los riesgos de radiación solar para Artemis II, una cuestión especialmente sensible en vuelos más allá de la órbita terrestre. El trabajo, financiado por el Gobierno, es esencial para diseñar las medidas de protección que necesitarán los astronautas en misiones de mayor duración, sobre todo de cara a Marte.
El marco político que hace posible todo esto se firmó en mayo de 2023, cuando España se convirtió en el signatario número 25 de los Acuerdos Artemis en una ceremonia celebrada en La Moncloa, con la ministra Diana Morant y el entonces administrador de la NASA Bill Nelson. Tras el lanzamiento, Morant publicó que «España no solo está presente en la nueva era de la exploración espacial: está en su núcleo».
Artemis II no aterrizará en la Luna. Durante diez días, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen orbitan el satélite y regresan. Es un vuelo de prueba con personas a bordo, el paso previo al alunizaje que traerá Artemis III. Pero para la industria espacial española, el verdadero hito ya ocurrió antes del despegue: por primera vez, tecnología fabricada en España es la que mantiene con vida a los astronautas que viajan a la Luna.







