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jueves, 5 febrero,2026

La “batería” de Tenerife empieza en Güímar: por qué la central de bombeo puede cambiar el sistema

La escena iba a ser simbólica: la visita de la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, para escenificar el “inicio de la tramitación” de la central hidroeléctrica de bombeo reversible de Güímar. Pero la agenda se suspendió a última hora por la situación meteorológica, según informó el Ministerio.

Pero el aplazamiento no cambia nada, porque Tenerife (y Canarias en general) necesita almacenamiento. Mucho. Y lo necesita por un motivo tan prosaico como decisivo: el sistema eléctrico insular tiene menos “margen” que uno peninsular.

Aquí, cuando entra mucha renovable de golpe o cuando cae, no puedes “apoyarte” en el vecino, el mar. Por eso, si de verdad queremos más eólica y más fotovoltaica sin que el sistema vaya con el agua al cuello, hace falta una gran pieza que absorba excedentes y devuelva energía cuando haga falta.

El bombeo

Ahí entra el bombeo. Una central reversible como esta q ue se proyecta funciona, en la práctica, como una batería de gran escala. Cuando sobra electricidad, se usa para bombear agua a un depósito superior. Cuando falta (picos de demanda o caída del viento), se deja caer el agua y se genera electricidad. Es una tecnología madura y eficiente dentro del ecosistema de almacenamiento, y se usa precisamente para “cuadrar” redes con renovables variables.

¿Y por qué Güímar? Porque no se trata solo de “poner una central” sino de colocar un amortiguador en una isla donde cada oscilación se nota más. La idea de una instalación de bombeo en esa zona aparece vinculada a la necesidad de reforzar el sistema y aumentar capacidad de integración renovable, según la información que ha ido trascendiendo sobre el proyecto.

Lo interesante es que esta central no debería venderse como un “hito administrativo” ni como un “acto”. Debería explicarse como lo que realmente es, una condición técnica para que la transición sea creíble.

Sin almacenamiento, el discurso de “más renovables” acaba chocando con la realidad operativa: vertidos de energía (renovable que no se puede aprovechar), necesidad de respaldos fósiles, y una red más sensible a incidencias. Con almacenamiento, el sistema puede gestionar mejor picos, rampas y contingencias.

El ejemplo

Además, Canarias ya tiene un espejo donde mirarse, el Salto de Chira (Gran Canaria), que se ha defendido precisamente como infraestructura para almacenar energía, estabilizar la red e integrar más renovables en un sistema aislado. No es el mismo proyecto, pero el argumento de fondo es el mismo.

Ahora bien, si de verdad queremos que Güímar sea “la batería” y no “otro conflicto”, hay que asumir dos cosas desde el minuto uno. Primera: la tramitación debe ser impecable y pedagógica (impactos, alternativas, afección territorial, paisaje, agua, obras, ruido, movilidad… todo). Segunda: el reparto de beneficios tiene que verse. Si la ciudadanía percibe solo molestias y opacidad, la resistencia social se volverá combustible político.

Entre los beneficios plausibles se encontraría una mayor capacidad para integrar renovables sin tirar energía; más estabilidad (y potencialmente menos dependencia de generación fósil en momentos críticos); y, a medio plazo, mejores condiciones para electrificar usos (movilidad, industria ligera) sin vivir con el susto de cada pico.

También seguridad energética, que no es un tema menor. En un territorio fragmentado y expuesto a incidencias, tener “reserva” gestionable no es un lujo, es un seguro.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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