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jueves, 5 febrero,2026

Canarias regula el enoturismo: ¿por qué es importante?

El enoturismo ya es “oficial” en Canarias. El Gobierno autonómico ha fijado un marco de reglas para ordenar las visitas a bodegas y fincas vitícolas, con el objetivo de dar seguridad al sector y reducir riesgos sanitarios en un cultivo especialmente sensible.

La medida, además, llega en un momento en que el vino canario busca consolidarse como producto turístico de valor añadido, con más profesionalización, más control y una narrativa ligada al territorio.

Qué cambia

Las visitas a bodegas y viñedos implican tránsito de personas, vehículos y material entre parcelas.

Eso, en un contexto de riesgo fitosanitario, es un vector de dispersión evidente: tierra adherida al calzado, utensilios, ruedas, zonas de aparcamiento pegadas a la finca, etc.

Por eso, el texto incorpora medidas concretas aplicables a actividades enoturísticas en instalaciones vitivinícolas: información previa a visitantes, pautas de higiene, y protocolos para reducir el riesgo de traslado de suelo o restos vegetales entre viñedos.

Entre las medidas destacables se incluyen:

  • Avisar e informar: la bodega debe comunicar normas de acceso y precauciones a visitantes y personal.
  • Higiene y control: se contemplan actuaciones para evitar que el enoturismo “mueva” tierra o material vegetal entre zonas, alineado con el enfoque general del documento, que insiste en la limpieza de vehículos, cajas y utensilios y en evitar el contacto con el suelo de la parcela.
  • Adaptación a zonas de riesgo: el marco prevé demarcaciones y guías de movimiento de uva/operativa (la lógica es la misma: minimizar traslados de material potencialmente contaminante).

Así, el enoturismo se integra en la política de “sanidad vegetal” como una actividad que debe operar con criterios de prevención, no solo de experiencia turística.

Por qué es importante para Canarias

En Canarias, el viñedo no es solo agricultura sino paisaje cultural. En islas como Lanzarote, la viticultura está literalmente “diseñada” sobre el territorio (La Geria, como ejemplo más claro), y su atractivo turístico depende de que ese ecosistema agrícola sea viable.

Además, se da seguridad al sector turístico para crecer en calidad. Regular no solo restringe, también ordena. Cuando hay reglas claras (qué se puede hacer, cómo se señaliza, qué medidas mínimas se exigen), las bodegas pueden profesionalizar la visita, mejorar reputación y reducir conflictos (por ejemplo, accesos improvisados a fincas o visitas sin control).

Paralelamente, evita un efecto dominó económico. Si un problema fitosanitario se expande, el impacto no se queda en la uva. Toca al empleo, a la exportación, al consumo local, a la restauración y a la oferta de experiencias. Prevenir sale muchísimo más barato que “reparar” después.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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