El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha anunciado que Irán pasa a considerar formalmente a los ejércitos de todos los Estados miembros de la Unión Europea como grupos terroristas. Esta contundente medida amparada en una legislación nacional de 2019 supone la respuesta directa de la República Islámica a la decisión adoptada por los Veintisiete el pasado jueves.
La declaración se precipitó cuando los ministros de Asuntos Exteriores de la UE acordaron por unanimidad designar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) como organización terrorista. Bruselas los justifica por la brutal represión ejercida contra las recientes protestas antigubernamentales en Irán, que se han saldado con miles de detenidos y centenares de fallecidos. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, subrayó que cualquier régimen que aplaste con sangre las libertades de su propio pueblo debe ser señalado internacionalmente.
Para el régimen iraní, el CGRI no es solo una rama militar de élite, sino un pilar fundamental de su sistema político y económico. Ghalibaf ha calificado la decisión europea como un disparo en el pie que tendrá consecuencias destructivas para la seguridad regional. Al equiparar a las fuerzas armadas europeas con bandas terroristas, Teherán abre la puerta a represalias legales y operativas contra cualquier presencia militar o personal vinculado a las defensas de la UE en zonas de influencia iraní.
La Unión Europea busca mantener abiertos canales mínimos para evitar un aislamiento total. El endurecimiento de la postura iraní, sumado a las amenazas de un posible ataque estadounidense, dibuja un escenario de máxima inestabilidad. La medida del Parlamento iraní no solo es un gesto simbólico, sino una declaración de hostilidad que complica cualquier intento de negociación futura sobre el programa nuclear o la estabilidad en Oriente Medio.







