El Gobierno de la India ha iniciado gestiones diplomáticas con Washington para obtener una autorización que le permita retomar la importación masiva de petróleo desde Venezuela. Esta maniobra busca establecer un corredor seguro que blinde a las refinerías indias frente a las sanciones estadounidenses, permitiéndoles sustituir el crudo ruso —cuyos suministros han caído un 20 % este mes— por el barril pesado venezolano, esencial para la operatividad de sus plantas.
India, el tercer mayor consumidor de crudo del mundo, argumenta que necesita diversificar sus fuentes para no quedar expuesta a las represalias comerciales de Estados Unidos por sus compras a Moscú. Según fuentes de la industria, el objetivo es evitar que los cargamentos venezolanos sean absorbidos en su totalidad por el mercado norteamericano, que actualmente disfruta de ventajas logísticas y de pago frente a la ruta asiática.
El movimiento indio no solo responde a una necesidad técnica, sino también a una oportunidad financiera. Empresas como Reliance Industries ya han manifestado su disposición para reanudar las compras si el Tesoro estadounidense aclara las reglas del juego para los compradores no estadounidenses. Para la industria venezolana, ahora bajo una administración de transición supervisada de facto por Washington, recuperar al cliente indio es vital: a diferencia de los acuerdos con China o Rusia, que servían para pagar deuda, los contratos con la India garantizan flujo de caja directo.
Washington endurece el cerco sobre el régimen de Cuba y busca canalizar la producción de PDVSA hacia aliados estratégicos que acepten reducir sus vínculos con el Kremlin. Si se aprueba este corredor, India podría recuperar su posición como segundo mayor comprador de petróleo venezolano, aliviando la presión sobre sus refinerías y consolidando el nuevo orden petrolero que la Casa Blanca intenta imponer en el Caribe tras el cambio de gobierno en Caracas.







