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martes, 3 febrero,2026

La ecotasa del Teide arranca con cifras récord

La implantación de la ecotasa para acceder a los senderos más sensibles del Parque Nacional del Teide ha comenzado con cifras que el Cabildo de Tenerife exhibe como un éxito inmediato: más de 3.000 visitantes han pagado por subir al pico en apenas dos semanas y la recaudación supera ya los 34.000 euros.

El cobro por acceder a los senderos Telesforo Bravo y Montaña Blanca–La Rambleta, en vigor desde el 19 de enero, marca un punto de inflexión en la gestión del espacio natural más emblemático de Canarias.

Por primera vez, la entrada al tramo final del volcán deja de ser gratuita para la mayoría de visitantes y pasa a depender de un sistema de pago previo, reserva digital y condiciones estrictas.

La medida se presenta como ecológica, pero su aplicación ha sido recibida con reticencias entre colectivos ecologistas, montañeros y parte de la población local, que ven en ella un síntoma más de la mercantilización del territorio.

Primeras cifras

Los datos iniciales confirman que la ecotasa recae casi exclusivamente sobre turistas: más del 94 % de las plazas han sido ocupadas por visitantes no residentes, mientras que los residentes en Tenerife apenas superan el 4 %.

El Cabildo insiste en que el acceso para la población local sigue siendo gratuito, pero la realidad es que el nuevo sistema introduce barreras administrativas, digitales y logísticas que afectan también a quienes viven en la isla, especialmente a quienes no están familiarizados con plataformas online o con reservas cerradas y no reembolsables.

Uno de los argumentos más repetidos por la administración es la eliminación de las llamadas “reservas fantasma”, habituales cuando el acceso era gratuito. Y aquí aparece uno de los aspectos positivos difíciles de ignorar.

El pago ha reducido de forma drástica el número de personas que reservan sin acudir, liberando plazas reales y mejorando el control del aforo. En un parque sometido durante años a una presión turística constante, este cambio supone una mejora objetiva en la gestión del flujo de visitantes.

Avances

También es cierto que los ingresos obtenidos ya se están destinando a reforzar la vigilancia y el control del entorno, con más personal sobre el terreno y mayores exigencias de seguridad, especialmente en condiciones invernales.

El Teide, durante décadas un espacio de acceso casi libre incluso en situaciones de riesgo, se convierte ahora en un entorno más regulado, donde el equipamiento adecuado es obligatorio y donde el pago no garantiza el acceso si no se cumplen las normas. Desde el punto de vista de la seguridad, el avance es evidente.

Sin embargo, la ecotasa no resuelve por sí sola el principal dilema: el modelo turístico que ha convertido al Teide en un producto de consumo rápido, dominado por la subida en teleférico y las visitas exprés.

Los propios datos oficiales reflejan que la inmensa mayoría de reservas corresponden al sendero Telesforo Bravo, lo que confirma que el sistema sigue favoreciendo el acceso mecanizado frente a la experiencia de montaña tradicional. Montaña Blanca, el itinerario más largo y exigente, continúa infrautilizado.

Presión turistica

La alta demanda registrada para las próximas semanas demuestra que el problema no era solo la gratuidad, sino la enorme presión turística sobre un espacio con límites físicos claros.

La ecotasa ordena pero no cambia el fondo del problema, que el Teide sigue siendo uno de los grandes imanes turísticos del Archipiélago, y cualquier sistema que no aborde ese hecho de manera estructural corre el riesgo de convertirse en una simple herramienta recaudatoria.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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