El sector de la exhibición cinematográfica en Canarias entra en una nueva etapa con la entrada en vigor de su primer convenio colectivo de ámbito autonómico. Por primera vez, las condiciones laborales de las plantillas de los cines dejan de depender de acuerdos dispersos, referencias provinciales o pactos internos de empresa, para regirse por un marco común que unifica salarios, jornadas, categorías profesionales y derechos sociales en todo el Archipiélago.
El impacto práctico de este acuerdo se deja notar en varios planos. El más inmediato es la homogeneización del sector. Taquilleros, acomodadores, personal de limpieza, mantenimiento o responsables de sala pasan a encuadrarse en una clasificación profesional clara, con funciones definidas y niveles salariales concretos. Esto reduce la discrecionalidad empresarial y facilita que trabajadores de distintas islas o cadenas comparen sus condiciones en igualdad de términos.
En materia de tiempo de trabajo, el convenio fija una jornada máxima anual de 1.760 horas, con dos días consecutivos de descanso semanal, y establece reglas precisas para compensar excesos y defectos de jornada. En un sector marcado por horarios variables, estrenos de fin de semana y picos de actividad en festivos, esta regulación aporta previsibilidad y limita prácticas de ajuste permanente que recaían casi exclusivamente sobre la plantilla.
Uno de los puntos más sensibles es la nocturnidad. El acuerdo asume que una parte del trabajo nocturno es estructural en los cines y da por incluidas un número limitado de horas nocturnas mensuales dentro del salario base. Solo a partir de ese umbral se genera un plus específico. En la práctica, esto estabiliza los costes salariales para las empresas, pero también fija un marco claro que evita interpretaciones dispares sobre qué turnos deben pagarse como nocturnos y cuáles no.
Las sesiones matinales y especiales, habituales en campañas escolares o programaciones extraordinarias, pasan a tener una compensación económica regulada cuando se realizan fuera del horario habitual. Lo mismo ocurre con los festivos, que quedan claramente delimitados entre días trabajados y librados, con pagos adicionales o descansos compensatorios. Para las plantillas a tiempo parcial, muy numerosas en el sector, se introduce además una bolsa anual de disponibilidad que busca ordenar la prestación de servicios en días clave.
En el capítulo salarial, el convenio establece tablas anuales con incrementos progresivos hasta 2028, ofreciendo una senda de crecimiento conocida de antemano. Aunque los salarios no se sitúan entre los más altos del mercado laboral, el valor del acuerdo está en la certeza: el trabajador sabe cuánto va a cobrar según su puesto y año, y la empresa puede planificar costes sin sobresaltos.
Más complejo es el efecto de la llamada adaptación de nóminas. El convenio obliga a reordenar los conceptos salariales existentes para ajustarlos a la nueva estructura. En términos reales, esto significa que quien ya cobraba por encima de las nuevas tablas no pierde ingresos, pero tampoco ve incrementada esa parte del salario, que queda congelada como complemento individual. Es un mecanismo técnico que evita subidas automáticas, pero que previsiblemente generará debate entre quienes esperaban mejoras más visibles.
El acuerdo también introduce avances en derechos sociales y organizativos: refuerza la contratación indefinida, regula el contrato fijo discontinuo para cubrir picos estacionales, reconoce el derecho a la desconexión digital y desarrolla medidas específicas de conciliación, permisos y excedencias. A ello se suma un bloque amplio de obligaciones en materia de igualdad, diversidad y prevención del acoso, alineando al sector con los estándares más recientes en este ámbito.
En conjunto, el nuevo convenio no revoluciona el sector, pero sí lo ordena y madura. Reduce la fragmentación, aporta seguridad jurídica y fija un suelo común de derechos y obligaciones. Su impacto real dependerá ahora de cómo se aplique en cada empresa y de la capacidad de las plantillas para hacer valer un marco que, por primera vez, es común para todos los cines de Canarias.







