El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha fijado una línea roja tajante horas antes del comienzo de la histórica cumbre trilateral en los Emiratos Árabes Unidos. En su rueda de prensa diaria, Peskov ha advertido de que la salida definitiva de las tropas ucranianas de la región del Donbás es una condición muy importante y un requisito imprescindible para que las negociaciones actuales desemboquen en un acuerdo de paz duradero. Según la presidencia rusa, el abandono de los territorios de Donetsk y Lugansk no es solo una petición técnica, sino el eje central sobre el que debe pivotar el fin de las hostilidades.
Aunque el Kremlin ha evitado desvelar los detalles de la denominada fórmula de Anchorage —el esquema de paz esbozado por Putin y Donald Trump en Alaska el pasado agosto—, el énfasis de Peskov en la retirada ucraniana sugiere que Rusia busca consolidar el control total sobre las fronteras administrativas de las provincias que se anexionó unilateralmente en 2022.
Las conversaciones en Abu Dabi cuentan con la participación de delegaciones de alto nivel de Ucrania, Rusia y Estados Unidos, centradas en aspectos técnicos y militares del posible cese al fuego. Volodímir Zelenski ha reconocido desde Davos que el reparto territorial del Donbás es el único escollo que queda por salvar, la firmeza de Moscú pone a Kiev en una posición extremadamente delicada. La exigencia de una retirada incondicional choca frontalmente con la soberanía ucraniana y el control que sus tropas aún mantienen en puntos clave de la región.
A pesar de la dureza del discurso oficial del Kremlin, fuentes cercanas a la negociación señalan que el hecho de que todas las partes estén sentadas en la misma mesa ya supone un avance sin precedentes en estos cuatro años de guerra. El asesor de política internacional de Putin, Yuri Ushakov, ha recordado que cualquier solución a largo plazo debe pasar por resolver la cuestión territorial en virtud de los consensos alcanzados previamente con la administración Trump.







