El presidente del FC Barcelona anunció, tras una reunión de urgencia de su junta directiva, el adelanto de las elecciones a la presidencia para el próximo 15 de marzo. La decisión, que ha pillado por sorpresa a parte del entorno culé, supone un movimiento estratégico de calado con el que el actual mandatario busca aprovechar la inercia positiva que atraviesa el club y consolidar su proyecto antes de que finalice el mandato reglamentario en 2026.
La cúpula directiva ha justificado este adelanto basándose en dos pilares fundamentales que definen el momento actual del fútbol español. Por un lado, la excelente situación deportiva del equipo, que lidera con solvencia las competiciones bajo las órdenes de Hansi Flick, y por otro, el estado de profunda crisis y zozobra que atraviesa el Real Madrid, tanto en lo deportivo como en lo institucional. Laporta considera que este escenario de estabilidad barcelonista frente a la debilidad del eterno rival es el marco idóneo para que los socios ratifiquen su gestión en las urnas.
El anuncio abre de inmediato un proceso electoral que marcará el día a día del club durante las próximas semanas. Aunque todavía no se han presentado candidaturas de forma oficial, el adelanto electoral obliga a la oposición a acelerar sus planes para intentar articular una alternativa viable al oficialismo de Laporta. El presidente, por su parte, confía en que la buena marcha del primer equipo y los avances en la construcción del nuevo Spotify Camp Nou sean avales suficientes para lograr la reelección y asegurar la continuidad de su modelo de gestión.
La fecha elegida, el 15 de marzo, sitúa la resolución del futuro institucional del club en un momento crítico de la temporada, justo antes del tramo decisivo de la Champions League y los meses finales de la Liga. No obstante, desde el club se defiende que la solvencia actual de la plantilla permite afrontar este proceso sin que afecte al rendimiento en el césped. Con esta convocatoria, Laporta busca despejar cualquier duda sobre su liderazgo y blindar su presidencia en un momento de euforia para el barcelonismo que contrasta drásticamente con los problemas que se viven en el Santiago Bernabéu.







