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martes, 13 enero,2026

AÑO 2025, LA VUELTA DE LOS VASALLOS

Todo está ya dicho. O casi. Todo está oído, repetido, mascado y vuelto a escupir en tertulias, redes y columnas. Y, sin embargo, ahí siguen: los mismos argumentos, los mismos entusiasmos impostados, la misma obra sólida de combate de parasitos serviles que aplauden, secundan, justifican y ensalzan a quienes hoy representan, con la mayor de las caraduras, la decadencia política y moral.

Porque si algo nos  caracteriza es la fragilidad de las esperanzas ya que aquí nos indignamos a tiempo parcial, quiero decir con esto que nos movilizamos un ratito, mientras  no hay cobertura, datos y wifi. Luego se enciende el router y vuelve el silencio cívico. La protesta dura lo que dura la batería del móvil. Y así no hay rebelión posible, ni siquiera una decente. Así que toca tragar.

Los fanatismos, por su parte, siguen haciendo su trabajo con eficacia quirúrgica. El fanático no comprende, ni mucho menos te deja que pienses. Y como no comprende, no resuelve nada. Renuncia al entendimiento porque pensar exige esfuerzo, y el esfuerzo hoy no esta bien visto, ¿verdad Yolanda? Por eso es urgente de verdad verdadera, reivindicar el derecho a razonar y pensar. Porque  de lo contrario estamos tolerando lo intolerable  y terminamos viviendo como un miserable cobarde. Y no hay mayor miseria que la del que se cree moralmente superior mientras acepta ser tratado como vasallo. ¿o no, Ricardo?

No, no somos vasallos. Aunque Hacienda nos trate como tales. Aunque la maquinaria normativa nos exprima, nos vigile y nos reeduque. Lo verdaderamente preocupante no es quién gobierna ahora, sino la certeza de que, si no hay un cambio, esto se va a poner mucho más difícil. Mucho más. Y no por una cuestión de siglas, sino de cultura política y superviencia social.

Aquí las únicas “rebeliones” con éxito han sido siempre las subvencionadas. Los sindicatos cuando gobierna la derecha. Ahí sí hay huelgas, pancartas y furia moral. Cuando gobierna la izquierda, curiosamente, reina la paz social… ¿o no? Subvencionada, por supuesto. Y cuando se acabe el dinero público, no lo duden: los mismos que hoy callan saldrán a protestar. No por principios, sino por presupuesto.

Mientras tanto, se sigue educando para domesticar. Para neutralizar a los nuevos viveros de personas libres antes de que lo sean. Porque el tiempo, contra lo que nos han contado, no arregla nada. El paso del tiempo no corrige los errores: los agrava. Si no hacemos nada, todo empeorará. Y lo que se acerca no es una sociedad más justa, sino una sociedad con más siervos perfectamente convencidos de que lo son por su propio bien.

Los actuales gobiernos han permitido e impulsado el derroche de recursos que costaron décadas alcanzar – que se lo pregunten a mi padre o mi abuelo- . La política española se ha degenerado de forma abismal desde la Transición. Y no, no fue de golpe. Empezó con Zapatero, cuando se introdujo la lógica de la bipolaridad moral: buenos y malos, progresistas y retrógrados, demócratas y enemigos del pueblo. Desde entonces, lo único que hemos hecho es favorecer la desigualdad entre españoles, no ya económica, sino jurídica y moral.

Lo más sorprendente es ver cómo muchos de los que viven de este Estado con su Constitución y todo,  lo desprecian con arrogancia. Son los que yo llamo los alérgicos a la Constitución. Los mismos que dicen, con desparpajo, que el Rey “se colocó solo” que nadie lo votó, olvidando o fingiendo que la Constitución de 1978 la votamos todos los españoles, y que el Título II, el de la Corona, fue refrendado democráticamente. Pero la memoria selectiva también es una herramienta política. Y más para la involución cultural que padecemos.

Alimentar esta cultura da poder a los lacayos del sanchismo, que no es una ideología sino un método: ocuparlo todo, moralizarlo todo y prohibirlo todo. Por eso hoy defenderse no es una opción, es una obligación moral. Más aún cuando convivimos con leyes que juzgan con distinto baremo según el sexo, mientras se nos insiste en que no hay excesos, que todo está bien, que cuestionar es reaccionario.

El conocimiento es poder. Y convendría entrenarse un poco cada día en ese poder. Leer, pensar, discutir, disentir. Porque nos guste o no, las cosas han cambiado y siguen cambiando. Muchos han nacido ya dentro de este sistema y lo asombroso es ver cómo una parte de la izquierda se arroga una especie de gracia divina: no necesita argumentos. El contrario es malo por definición. Y esa pasión infinita por prohibirlo todo acabará, si nadie lo remedia, por prohibir incluso trabajar, como quiere Yolanda y por ende ya todos dependeremos del Estado a cuyo líder hay que adorar.

Yo, que ya cargo con ese prejuicio social llamado envejecer, no puedo dejar de pensar que hubo una época en la que éramos más libres. No perfectos. No iguales. Pero libres. Y eso, hoy, ya es casi un recuerdo subversivo. Así termino la última columna del 2025, pensando que el 2026 será igual o peor. Sino lean el BOE del 24 de diciembre de 2025.

Juan Inurria
Juan Inurria
Abogado. CEO en Grupo Inurria. Funcionario de carrera de la Administración de Justicia en excedencia. Ha desarrollado actividad política y sindical. Asesor y colaborador en diversos medios de comunicación. Asesor de la Federación Mundial de Periodistas de Turismo. Participa en la formación de futuros abogados. Escritor.

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