Un dron detectado en la cabecera de la pista 03 del aeropuerto César Manrique–Lanzarote obligó este jueves por la noche a interrumpir por completo las operaciones de aterrizaje y despegue durante alrededor de cuarenta minutos. El incidente, que comenzó en torno a las 21:30 horas, provocó la paralización momentánea del tráfico aéreo y el mantenimiento en tierra de los vuelos interinsulares durante ese periodo.
Controladores Aéreos informó a través de la red social X que la presencia del dispositivo en zonas sensibles del aeródromo motivó la activación inmediata del protocolo de seguridad: se prohibieron despegues y aterrizajes hasta que se descartó la amenaza del dron. Finalmente, poco antes de las 22:10 horas, el espacio aéreo fue declarado seguro y la operativa se reanudó con normalidad.
La normativa vigente considera esta acción como una infracción grave, que puede conllevar sanciones de entre 60 y 225.000 euros si se trata de un uso recreativo. En caso de que el dron estuviese operado con fines profesionales, las multas podrían ascender hasta 4,5 millones de euros, además de compensaciones por daños materiales. Estas estrictas penalidades reflejan el alto riesgo que supone introducir tecnología que no está coordinada ni autorizada en las inmediaciones de aeródromos.
Este episodio vuelve a poner de relieve los peligros que representa el vuelo no regulado de drones cerca de infraestructuras críticas. Recordemos que hace un año, en abril de 2024, un dron obligó a cerrar el aeropuerto de Gran Canaria durante más de una hora, lo que derivó en cancelaciones, desvíos a otras islas y caos logístico.







