María Jesús Montero ha quedado como la única precandidata en las próximas primarias del PSOE de Andalucía para presidir la Junta, tras ser la única aspirante en lograr los avales necesarios —equivalentes al 12 % del censo— como marca la reforma de las normas internas del partido. Esta situación no es casual: la exigencia del elevado porcentaje de avales—aproximadamente 4.500 firmas—, fue aprobada precisamente en el congreso regional que reeligió a Santos Cerdán como secretario de Organización, y ha sido criticada por sectores del partido por haber convertido las primarias en un proceso prácticamente bloqueado.
Montero, actual secretaria general del PSOE, vicesecretaria del PSOE federal y ministra de Hacienda, fue proclamada en enero como secretaria general tras la retirada de su único rival, el catedrático Luis Ángel Hierro, que no alcanzó los avales necesarios. Su candidatura ha sido respaldada por la dirección nacional encabezada por Pedro Sánchez, que busca recuperar para el PSOE una comunidad que lleva desde 2018 bajo gobierno del PP.
Montero ha lanzado un discurso profundamente apelativo a la unidad interna y la recuperación del PSOE de cara a las autonómicas de 2026. Lo ha hecho destacando que “no vuelve porque nunca se fue”, y posicionándose como el único liderazgo capaz de cohesionar el partido, atraer a la militancia y revertir el dominio del PP en Andalucía.
Queda ahora ver si su candidatura, que parte fuerte como única opción inicial, se mantendrá a lo largo del proceso interno, o si dará lugar a alguna sorpresa que la ponga a prueba. Lo que sí es evidente es que Montero lidera un PSOE andaluz necesitado de empuje y claridad tras años de ausencia institucional, crisis orgánica y división interna, con un reto claro: recuperar San Telmo y volver a poner al PSOE al frente de Andalucía.







