Mientras el enfrentamiento entre Irán e Israel entra en su cuarto día con bombardeos mutuos y cientos de víctimas, Turquía observa con creciente preocupación los efectos en la región. Fuentes de defensa revelan que Ankara se dispone a fortalecer significativamente su arsenal de misiles: aspira a ampliar su rango de misiles balísticos, elevándolo desde los actuales 800 km hasta potencialmente 2 000 km, en una clara respuesta estratégica a la escalada militar en Oriente Medio.
Este impulso se basa en los recientes avances tecnológicos del país, como el desarrollo del misil Tayfun, que ya se probó alcanzando una distancia de 561 km en mayo de 2023 y entró en producción masiva a finales de ese mes. Turquía busca ahora avanzar hacia misiles de alcance intermedio, como el presunto proyecto “Cenk”, capaz de volar cerca o más allá de los 1 000 km, con sistemas avanzados de guiado para evadir defensas antimisiles.
Al mismo tiempo, Ankara está desarrollando también su propio sistema antiaéreo de largo alcance, al estilo “Steel Dome”, mezclando tecnología nacional con inspiración en el famoso Iron Dome israelí. Y no es sólo defensa: avanzan proyectos como Siper, una familia de misiles tierra‑aire de largo alcance con capacidad para detectar y destruir jets y misiles a altitudes altas, así como versiones móviles del Atmaca, el misil de crucero de fabricación nacional.
Erdogan, en varias ocasiones, ha justificado estos desarrollos diciendo que Turquía «no descansará» hasta alcanzar independencia total en defensa; advirtió de que el país no permitiría que sistemas de misiles de la OTAN se dirijan explícitamente contra Irán y exigió que la Alianza Atlántica no identifique adversarios concretos.
Este rearme tiene un claro propósito geopolítico: ofrecer a Turquía capacidad de disuasión real en el tablero regional, posicionándose como actor decisivo en una zona sometida a una tensión extrema, y mostrarse como contrapeso tanto a Israel como a Irán, con quienes mantiene vínculos complejos. Al mismo tiempo, Ankara busca reforzar su industrial militar como argumento de poder doméstico y soberanía nacional.
Sin embargo, esta carrera armamentística también despierta inquietudes: ¿hasta dónde llevará Turquía su estrategia? Con su OTAN membership, ¿su despliegue de misiles de largo alcance presagia un nuevo capítulo de tensiones entre bloques? Lo que parece claro es que, ante la explosión de hostilidades entre Israel e Irán, Turquía no quiere permanecer al margen. Su mensaje es inequívoco: prepara un arsenal más amplio y potente para defender sus intereses y mantener su peso en un Oriente Medio cada vez más imprevisible.







