La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lanzó este viernes desde Cork, en el acto de arranque de la presidencia irlandesa del Consejo de la UE, la advertencia más clara hasta ahora a Pekín: si el diálogo comercial que acaban de reactivar ambas partes no produce resultados tangibles de aquí a octubre, Bruselas tomará medidas. «Básicamente estamos preparados para todo y tenemos todos los instrumentos sobre la mesa», afirmó, dejando en el aire la posibilidad de acciones adicionales que aún no han sido detalladas.
El pasado lunes, el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, y el ministro chino Wang Wentao se reunieron en Bruselas y firmaron una declaración conjunta, la primera entre ambos bloques desde 2019, comprometiéndose a abrir cuatro grupos de trabajo técnico bajo el nuevo mecanismo EU-China Trade and Investment Consultations. Šefčovič visitará Pekín en octubre para comprobar si el diálogo ha dado frutos. Si no los da, llegará la respuesta europea.
Los puntos de fricción que Von der Leyen puso sobre la mesa son los mismos que llevan meses enquistando la relación: el exceso de exportaciones chinas de bajo coste que saturan el mercado europeo, las estrictas restricciones que Pekín impone a las empresas europeas que operan en China y el uso masivo de subvenciones estatales que distorsionan la competencia. El déficit comercial de la UE con China se disparó hasta los 360.000 millones de euros en 2025, un 15% más que el año anterior, y ha seguido empeorando en el primer trimestre de 2026.
La Comisión trabaja en al menos dos nuevos instrumentos: uno para ayudar a las empresas europeas a diversificar sus cadenas de suministro y reducir la dependencia de China, que controla hasta el 90% del procesado mundial de tierras raras, y otro para garantizar solidaridad entre los Veintisiete si Pekín lanza represalias contra algún Estado miembro en particular. China ya ha amenazado con contramedidas si Bruselas adopta restricciones que considere discriminatorias, y lleva meses jugando a dividir a los europeos, ofreciendo concesiones a unos mientras presiona a otros.
La unidad interna sigue siendo el talón de Aquiles de la UE. Alemania, cuyas exportaciones dependen en buena medida del mercado chino, teme una espiral de represalias. Francia, en cambio, exige una postura más firme. Von der Leyen necesitará gestionar esa brecha antes de que octubre convierta el ultimátum en una decisión real.






