Jacob Coxon, investigador británico especializado en el preentrenamiento de modelos de inteligencia artificial, dimitió este martes de la empresa Anthropic y anunció que abandona por completo la industria. En una publicación en su cuenta de la red social X, el ingeniero, de 27 años, justificó su marcha con una advertencia contundente: «Ninguna de las dos compañías está actuando de manera responsable. Están corriendo directamente hacia una superinteligencia auto-mejorante y apostando con nuestras vidas».
«Las personas que están construyendo IA creen sinceramente que podría matarnos a todos para finales de la década», escribió Coxon, que trabajó durante tres años en investigación de entrenamiento de modelos, primero en OpenAI y después en Anthropic. El investigador insistió en que no se trata de una estrategia comercial: «Esto no es un truco de marketing. Muchos ejecutivos e investigadores senior moderan su lenguaje en la prensa para sonar sensatos, pero oigo a las mismas personas expresar miedo en privado. Ninguna otra actividad humana representa este nivel de peligro».
Su exclusiva fue adelantada por The Wall Street Journal, al que declaró que «estamos en la trayectoria de muchos de los escenarios más agresivos, y para finales del próximo año las cosas podrían estar ya fuera de control». Lo que más le preocupa son los sistemas capaces de automejorarse, es decir, modelos que pueden perfeccionarse a sí mismos o a sus sucesores sin que un humano guíe cada paso, un umbral que considera especialmente peligroso.
Coxon estableció una diferencia entre las dos compañías en las que trabajó. «En OpenAI, muchos no han interiorizado profundamente las apuestas civilizatorias. En Anthropic, las apuestas están bien comprendidas, pero están atrapados en una carrera por llegar primero», afirmó, en alusión a la convicción de que, si no lo hacen ellos, lo hará un competidor menos cuidadoso.
Su advertencia no es un caso aislado dentro de la propia empresa. El responsable de investigación sobre alineación de Anthropic, Evan Hubinger, ha situado por separado por encima del 10% la probabilidad de que una IA provoque una catástrofe que acabe con la humanidad durante la próxima década. En febrero de 2026, Mrinank Sharma, responsable de la investigación sobre las salvaguardas de la compañía, ya había dimitido con una carta en la que escribía que «el mundo está en peligro», lo que dibuja dos salidas del mismo ámbito en pocos meses.
Las advertencias contrastan con la imagen que Anthropic ha proyectado de sí misma como una compañía especialmente centrada en la seguridad. El propio consejero delegado, Dario Amodei, ha enumerado en sus ensayos los grandes riesgos de la tecnología, aunque la diferencia ahora es que esas alarmas las lanzan los empleados que se marchan, y no solo el fundador en textos programáticos. Coxon reclama coordinación entre los laboratorios y una moratoria temporal en la mejora de las capacidades de los modelos.
No todas las voces del sector comparten este pesimismo. Un estudio reciente señala que solo el 3% de los investigadores identifica como su mayor preocupación el escenario especulativo de una IA fuera de control que amenace la existencia humana, frente a riesgos más inmediatos como la desinformación o los sesgos. Los escépticos recuerdan, además, que este tipo de pronósticos apocalípticos se han repetido a lo largo de la historia de la tecnología sin materializarse. El debate, en cualquier caso, vuelve a poner sobre la mesa la exigencia de marcos regulatorios firmes para una industria que avanza a un ritmo sin precedentes y cuyos propios trabajadores expresan, cada vez con más frecuencia, temores de fondo sobre hacia dónde se dirige.






