El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este miércoles una nueva campaña de presión económica contra Irán y amenazó con consecuencias tremendas a cualquier país que ayude o haga negocios con la República Islámica. «Hoy anuncio la operación económica más aplastante jamás emprendida contra ningún país. Será una guerra económica y un aislamiento a una escala sin precedentes», escribió el mandatario en su red social Truth Social, en un mensaje en el que calificó la ofensiva de «Día D económico».
La advertencia se dirige tanto a Teherán como a sus socios. Trump amenazó con imponer tremendas consecuencias económicas a cualquier Estado que permita a sus instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales brindar cualquier tipo de salvavidas a Irán. El presidente detalló que las nuevas medidas buscan cortar las vías que Teherán emplea para eludir las sanciones y mantener sus flujos financieros, entre ellas el contrabando de petróleo, las líneas de intercambio de divisas, las transferencias de efectivo, las casas de cambio, los registros de buques y las empresas fachada. «Todo esto debe terminar ahora», zanjó, sin nombrar de forma expresa a ningún país ni precisar qué castigos concretos aplicaría.
Trump aseguró que la ofensiva responde a que Irán desaprovechó la oportunidad de alcanzar un acuerdo con Washington, y volvió a proclamar que la armada iraní ha desaparecido, que su fuerza aérea fue destruida y que sus instalaciones militares quedaron reducidas a escombros. El presidente sostuvo además que la moneda iraní no vale nada y que el país pende de un hilo, en un intento de presentar a Teherán como un régimen al borde del colapso al que solo faltaría rematar por la vía económica.
El movimiento se inscribe en una guerra que se aproxima a su sexto mes sin salida a la vista. El conflicto, reactivado el pasado febrero con los ataques estadounidenses e israelíes, ha convertido el estrecho de Ormuz en su principal punto de fricción y ha dejado un rastro de amenazas cruzadas. Apenas un día antes, el propio Trump había amenazado con bombardear Omán si obstaculizaba el bloqueo naval, y este mismo miércoles trascendió, según el Financial Times, que Irán estudia atacar bases estadounidenses en Europa si Washington intensifica la ofensiva. El anuncio de la nueva batería de sanciones se produjo poco después de que el presidente reconociera que no hay conversaciones en curso ni programadas con Teherán, lo que confirma el bloqueo total del diálogo.
La ofensiva tiene, además, una lectura interna que no conviene pasar por alto. Trump afronta un creciente escrutinio político por una guerra que se prolonga sin desenlace, con las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre en el horizonte. El endurecimiento del discurso hacia Irán le permite exhibir firmeza ante su electorado, aunque el recurso a la presión económica no es nuevo: durante su primer mandato ya sacó a Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015 y reimpuso duras sanciones que hundieron la moneda iraní sin lograr doblegar al régimen. La gran incógnita ahora es hasta qué punto países como China, principal comprador del crudo iraní, o los socios europeos están dispuestos a plegarse a un aislamiento que Washington quiere total, en un pulso cuyas consecuencias se dejarán sentir de nuevo en los mercados energéticos y, con ellos, en los precios que pagan los consumidores también en España.






