El alcalde de Newark, Ras Baraka, decretó este domingo el toque de queda en la ciudad tras otra noche de disturbios frente al centro de detención de inmigrantes Delaney Hall, donde manifestantes y agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) volvieron a enfrentarse.
La restricción cubre un radio de media milla alrededor del centro y prohíbe la circulación todas las noches de 21:00 a 06:00 horas hasta nuevo aviso. La avenida donde se encuentra Delaney Hall permanecerá cerrada al tráfico peatonal y solo podrán acceder los vehículos oficiales. Quienes incumplan el toque de queda recibirán en primer lugar un aviso para abandonar la zona; si reinciden, podrán ser expulsados del perímetro, citados o sometidos a otras medidas legales.
El conflicto ha sucedido después de que una parte de los 300 migrantes retenidos en la instalación iniciaran una huelga de hambre para denunciar condiciones inhumanas en el interior del centro. Fotografías y vídeos difundidos en redes sociales muestran a manifestantes derribando barricadas mientras agentes con escudos antidisturbios intentan replegar a la multitud, con policías a caballo avanzando entre los congregados para dispersarlos.
Los disturbios del viernes 29 de mayo se saldaron con nueve detenidos y llevaron a la gobernadora demócrata de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, a ordenar el despliegue de la policía estatal y a habilitar una zona específica para concentraciones pacíficas. Sin embargo, la tensión continuó durante el fin de semana y obligó al alcalde a endurecer las medidas. Baraka señaló que durante los operativos se confiscaron armas, lo que, dijo, evidencia la gravedad de la situación.
Este incidente se suma a la escalada de protestas contra las políticas migratorias impulsadas por la administración Trump, que ha multiplicado las detenciones y los traslados de inmigrantes en todo el país. Newark, con una nutrida comunidad de origen latinoamericano, se ha convertido en uno de los focos de mayor resistencia a esas medidas en el estado de Nueva Jersey.







