martes, 15 septiembre,2026

SoftBank se desploma más de un 12% en Bolsa tras aplazar OpenAI su salida al mercado por los riesgos de la IA

El anuncio de Sam Altman de que ChatGPT no cotizará en 2026, sumado a las llamadas del sector a frenar el desarrollo, arrastra a las tecnológicas y a los fabricantes de chips en medio mundo

Las acciones de SoftBank, uno de los grandes inversores de OpenAI, se hundieron este lunes más de un 12% en la Bolsa de Tokio, hasta rozar los 5.795 yenes, después de que la matriz de ChatGPT descartara salir a Bolsa en 2026 por los riesgos de seguridad de la inteligencia artificial. El desplome, que llegó a superar el 13% durante la sesión, borró por completo las ganancias que el gigante japonés había acumulado la semana anterior y lo situó entre los peores valores del índice Nikkei 225, que cedió cerca de un 2%.

El detonante fue una entrevista del consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, publicada el sábado por la revista Fortune. «Dado todo lo que está sucediendo con la seguridad, este sería un momento poco recomendable para salir a Bolsa, y no sentimos presión al respecto», afirmó el directivo, que descartó de plano una operación valorada en hasta un billón de dólares y precisó que tampoco se producirá en 2026. Altman defendió que mantenerse como empresa privada da a OpenAI margen para pausar el desarrollo de la tecnología sin rendir cuentas trimestrales a los accionistas.

La decisión de Altman llegó un día después de que respaldara públicamente la propuesta del líder de Anthropic, Dario Amodei, de que las compañías del sector frenen el ritmo al que mejoran sus modelos mientras la regulación y los protocolos de seguridad se ponen al día. A ese llamamiento se sumaron durante el fin de semana el fundador de SpaceX y xAI, Elon Musk, y el director de Google DeepMind, Demis Hassabis, en una inusual coincidencia entre rivales directos.

El mercado reaccionó castigando a todo el ecosistema de la inteligencia artificial. La perspectiva de un desarrollo más lento alimentó las dudas sobre cuándo empezarán a ser rentables las enormes inversiones en centros de datos y hardware, y arrastró a los fabricantes de chips y semiconductores en Asia, Europa y Wall Street. En la propia sesión de Tokio, Kioxia cayó más de un 7% y Advantest en torno a un 2%, en una oleada de ventas que se extendió por el sector.

La exposición de SoftBank a OpenAI explica la virulencia del golpe. El grupo japonés anunció en febrero una inversión adicional de 30.000 millones de dólares a través de su Vision Fund 2 y proyectó una participación acumulada de unos 64.600 millones, cercana al 13% de la compañía. El conglomerado confiaba en que la salida a Bolsa de OpenAI en 2026 le permitiera revalorizar esas participaciones y reducir el descuento con el que cotiza, por lo que el aplazamiento, sin fecha alternativa, se ha convertido en una fuente directa de incertidumbre sobre el valor real de su apuesta.

La caída no responde, sin embargo, a una sola causa. Varios análisis apuntan a que sobre SoftBank pesaban también su elevada deuda, las expectativas de subidas de tipos por parte de la Reserva Federal estadounidense, la evolución del petróleo y una debilidad general del sector tecnológico, factores que amplificaron el efecto del anuncio de OpenAI. Los analistas recuerdan, además, que frenar el lanzamiento de nuevos modelos no implica que se hunda de golpe la demanda de computación, memoria y centros de datos.

El episodio ha reavivado el debate sobre si el mercado de la inteligencia artificial es una burbuja a punto de desinflarse. Las advertencias de los propios ingenieros sobre el potencial destructivo de la tecnología, entre ellas la estimación del responsable de seguridad de Anthropic, Evan Hubinger, que cifra por encima del 10% la probabilidad de que la IA provoque una catástrofe para la humanidad en la próxima década, y la reciente dimisión del investigador Jacob Coxon, que trabajó en OpenAI y Anthropic, han trasladado a los inversores la sensación de que el sector avanza más rápido de lo que es capaz de controlar. La combinación de esos temores con las dudas sobre la rentabilidad ha bastado para tumbar en una sola sesión miles de millones de capitalización.

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LECTOR AL HABLA