Decenas de robots humanoides saltando por voluntad propia a una cuba de acero al rojo vivo. Esa es la imagen con la que Figure, fabricante estadounidense de máquinas con inteligencia artificial, ha resuelto un problema de lo más práctico: qué hacer con los robots de su modelo F.02 cuando ya no le sirven y no quiere que su tecnología acabe en malas manos.
Desarmar las máquinas pieza a pieza era demasiado lento, así que la empresa lanzó la pregunta a sus seguidores en redes. De todas las respuestas, se quedó con la que firmaba Arnold Schwarzenegger, que propuso directamente fundirlas. La ocurrencia no era casual: remite al cierre de «Terminator 2», cuando el T-800 interpretado por el actor se deja hundir en metal fundido para que su tecnología desaparezca con él.
El reto no era menor, porque había que lograr que los propios robots ejecutaran el salto. Los técnicos los adiestraron primero en su sede de San José, en California, haciéndolos saltar desde una segunda planta sobre colchones hinchables que imitaban la caldera. Para afinar el movimiento programaron un modelo de inteligencia artificial que copiaba los gestos de los especialistas que ruedan escenas de riesgo en el cine.
El destino final estuvo en Imatra, una localidad finlandesa cuya fundición accedió a prestar sus instalaciones. Allí, frente a un horno de arco eléctrico de 75 toneladas, las máquinas se arrojaron una tras otra al acero líquido sin fallar, pese al calor y a las interferencias electromagnéticas del lugar. El equipo contaba con apenas un día y seis coladas para rematar la operación.
El resultado es un vídeo en el que el propio Schwarzenegger comparte plano con los robots. Uno de ellos se descuelga por una cadena hacia la caldera, calcando el gesto de su personaje, mientras el resto se lanza con piruetas al metal incandescente.
Consciente de que muchos dudarían de si todo era un truco digital, la compañía insistió en que nada de lo que se ve está generado por ordenador: los robots saltaron de verdad y acabaron de verdad en el horno. De aquella flota solo ha sobrevivido un puñado de unidades, y con el metal recuperado de las fundidas la empresa prepara piezas de recuerdo que piensa vender.






