En una sesión de control marcada por la dureza de los reproches personales y políticos, ambos líderes han escenificado la profunda fractura que separa a los dos principales partidos del país, con la gestión de la crisis migratoria, las investigaciones judiciales que afectan al entorno del Ejecutivo y el reciente acuerdo sobre el modelo de financiación autonómica como ejes centrales de la disputa.
La sesión ha arrancado con un ataque frontal de Alberto Núñez Feijóo, quien ha acusado a Sánchez de gobernar bajo el dictado de sus socios y de estar asediado por la corrupción. El líder del Partido Popular ha echado en cara al presidente la falta de control en las fronteras y lo que considera una cesión intolerable ante las exigencias del nacionalismo catalán en materia fiscal. Según Feijóo, el Gobierno ha abandonado el principio de solidaridad entre comunidades para garantizar la supervivencia de su coalición, lo que a su juicio supone un agravio comparativo para el resto de los españoles.
Por su parte, Pedro Sánchez ha respondido con una defensa cerrada de su gestión, acusando al Partido Popular de practicar una oposición basada exclusivamente en el fango y el bloqueo institucional. El presidente ha reivindicado los datos económicos de su mandato y ha instado a la bancada popular a abandonar la crispación para centrarse en los problemas reales de la ciudadanía. Durante su intervención, Sánchez ha insistido en que su Ejecutivo cuenta con una hoja de ruta clara para la modernización de España, frente a una derecha que, en sus palabras, solo ofrece un viaje al pasado.
Uno de los momentos más tensos de la sesión se ha producido durante el intercambio de réplicas sobre el sistema judicial. Mientras Feijóo ha señalado la supuesta debilidad del Gobierno ante los tribunales, Sánchez ha contraatacado recordando las causas pendientes que afectan a antiguos dirigentes del PP. Este clima de hostilidad ha contagiado al resto del hemiciclo, provocando continuas interrupciones por parte de los diputados y obligando a la presidencia de la Cámara a intervenir en varias ocasiones para pedir orden.
El cara a cara ha finalizado sin atisbo alguno de entendimiento, consolidando la tendencia de sesiones de control convertidas en ejercicios de autoafirmación ante sus respectivos electorados. Con las próximas citas electorales en el horizonte y la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado como siguiente gran batalla parlamentaria, el debate de hoy confirma que la legislatura se encamina hacia un periodo de máxima polarización, donde el diálogo entre el Gobierno y el principal partido de la oposición parece hoy más lejano que nunca.







