Rusia ha advertido este jueves de que podría atacar objetivos militares británicos, tanto dentro como fuera de Ucrania, como represalia por el uso de los misiles de crucero Storm Shadow británicos contra su territorio. La amenaza, calificada por diversos medios como la más contundente que Moscú ha dirigido hasta la fecha contra Londres, fue formulada por la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, en una rueda de prensa. La advertencia adquiere especial gravedad por dirigirse contra un país miembro de la OTAN y aliado incondicional de Kiev.
La portavoz sostuvo que el Reino Unido está «a un paso» de convertirse en cómplice legal de lo que Moscú califica de «terrorismo» contra la población civil rusa, y advirtió de que esa deriva tendrá «consecuencias catastróficas» a menos que Londres cambie de rumbo. «La respuesta a los ataques ucranianos con armas británicas contra territorio ruso puede alcanzar a cualquier objetivo militar y equipo británico en Ucrania y fuera de ella», afirmó, en una amenaza que extiende el radio de las posibles represalias mucho más allá del frente.
El Gobierno británico confirmó el lunes que ha autorizado a la empresa de defensa MBDA a compartir información clasificada sobre los componentes británicos del misil, con el fin de que Ucrania pueda iniciar su propia producción de estos proyectiles en fábricas propias, donde, según Moscú, la mano de obra resulta más barata. El objetivo declarado es aumentar la capacidad de Kiev para golpear en profundidad el territorio ruso, algo que ya viene haciendo desde 2024 con este armamento contra refinerías, plantas de combustible y centros logísticos.
La advertencia rusa no se limitó al Reino Unido, sino que salpicó también a Francia. Zajárova recordó que el presidente Emmanuel Macron ya había anunciado una transferencia de tecnología similar para el ensamblaje del SCALP, la versión francesa del Storm Shadow, y acusó a ambos países de «jugar con fuego». Según la portavoz, al ceder los componentes directamente a Ucrania para su ensamblaje, tanto Londres como París buscan eludir su responsabilidad por los ataques ocurridos en suelo ruso, una maniobra que Moscú rechaza al sostener que «los culpables de crímenes de guerra, así como sus cómplices e instigadores, serán castigados proporcionalmente». El Kremlin ya había acusado el lunes al Reino Unido de echar «leña al fuego» de forma metódica.
La escalada verbal llega en un contexto de creciente tensión sobre el terreno. La advertencia se produjo un día después de que Rusia acusara a Ucrania de disparar misiles Storm Shadow contra un centro comercial en la ciudad de Donetsk, bajo control ruso, en un ataque que, según Moscú, dejó al menos ocho heridos entre la población civil, incluidos niños, un extremo que Kiev no ha confirmado. El episodio se enmarca en la enésima fase de una guerra que se prolonga ya durante años, en la que el suministro de armamento occidental de largo alcance se ha convertido en una de las principales líneas rojas del Kremlin. El presidente Vladímir Putin ya había advertido a la OTAN de que «debe ser consciente de con qué está jugando», y estas nuevas amenazas, dirigidas de forma explícita contra instalaciones británicas, elevan el riesgo de una confrontación directa entre Rusia y una potencia nuclear de la Alianza, en un momento en que las negociaciones de paz permanecen estancadas.






