El pasado del antiguo Egipto continúa revelando secretos fascinantes. En el corazón del delta del Nilo, un equipo internacional de arqueólogos liderado por la Universidad de Manchester ha sacado a la luz la ciudad de Imet, un enclave urbano que permaneció olvidado durante más de veinte siglos. El hallazgo se ha producido en Tell el-Fara’in (actual Sharqia), una zona que ahora cobra protagonismo en el mapa arqueológico egipcio.
Las excavaciones han revelado una estructura urbana compleja que incluye casas torre de varios pisos, áreas de almacenamiento, una antigua vía procesional y los restos de un templo dedicado a la diosa cobra Uadyet, protectora del Bajo Egipto.
Los restos hallados indican que Imet fue un núcleo vital en la red urbana del Egipto tardío. Su arquitectura y simbolismo reflejan su importancia como centro comercial, agrícola y religioso, comparable a otras grandes ciudades del delta en la antigüedad. El descubrimiento obliga a replantear el papel de estos asentamientos en el equilibrio de poder del mundo faraónico.
Situada al noreste de El Cairo, Imet floreció en el siglo IV a.C. como un importante punto de encuentro de rutas comerciales y un centro agrícola destacado. La misión arqueológica, dirigida por el profesor Nicky Nielsen, ha permitido reconstruir parte del entramado urbano y económico de esta metrópolis desaparecida.
Según el Dr. Mohamed Ismail Khaled, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, las construcciones descubiertas, que combinan técnicas de teledetección y excavación directa, corresponden a viviendas de varios niveles sostenidas por muros de gran grosor. Estas «casas torre» eran típicas del Bajo Egipto durante el Período Tardío (664-332 a.C.) y la posterior ocupación romana.
“Su presencia es excepcional en otras regiones del país y demuestra que Imet era una ciudad densa, urbanizada y en expansión”, señala Nielsen.
Uno de los descubrimientos más sobresalientes es el templo consagrado a la diosa Uadyet, símbolo del Bajo Egipto y figura central en la mitología faraónica. El templo incluía una gran plataforma de piedra caliza y columnas de adobe que formaban parte de una estructura construida sobre una antigua vía ceremonial. Esta ruta conectaba el santuario con otro templo posterior y fue utilizada hasta mediados del periodo ptolemaico (siglo III a.C.).
“Los cambios urbanísticos y religiosos observados en este templo reflejan una profunda transformación en la ciudad durante esa época”, explica Mohamed Abdel Badie, director del Sector de Antigüedades Egipcias.
Junto a las estructuras religiosas y residenciales, los arqueólogos han identificado espacios destinados al procesamiento de grano y corrales para animales, lo que confirma la actividad económica local. Además, han sido recuperadas piezas de notable valor simbólico, como una estela del dios Harpócrates, una figurilla funeraria (ushabti) de loza verde de la dinastía XXVI y un sistro de bronce decorado con cabezas de la diosa Hathor.
El arqueólogo Hussein Basir ha subrayado la importancia de seguir explorando la zona. “En Tell el-Fara’in hay niveles aún más antiguos que podrían revelar fases anteriores de ocupación. Solo hemos arañado la superficie de lo que esta ciudad tiene por contar”, ha afirmado.







