Nada. Y yo ya lo tengo asumido. No tiene que pasar nada.
Hace tiempo que dejé de preguntarme qué tiene que pasar para que Sánchez convoque elecciones. La respuesta la conozco. Nada. A él le da igual todo, menos el poder.
Pensábamos que había situaciones incompatibles con la continuidad de un presidente en el Gobierno, decisiones que obligaban a devolver la palabra a los ciudadanos. Pensábamos muchas cosas. La realidad ha demostrado otra: ahí sigue y seguirá. No tiene rival.
Y cada día sale un nuevo episodio de lo que parece impensable y Page diciendo que esto no puede ser, pero ahí sigue el tío – como diría mi amigo Antonio- y pase lo que pase termina envolviéndolo con una explicación que convierte lo extraordinario en rutina. O se pone a hablar del tiempo o que te pongas crema solar. Lo que ayer era inadmisible hoy lo presenta como ejercicio de responsabilidad; lo que hace unos meses se rechazaba con rotundidad acaba defendiéndolo con la mayor naturalidad. Mas claro imposible. No se va.
Por eso he dejado de perder el tiempo. Si nada de lo ocurrido ha provocado unas elecciones, tampoco las provocará lo que venga mañana. Asúmalo: Sánchez no se va.
El manual de resistencia ha resultado mucho más eficaz de lo que imaginaban quienes daban por descontado un final anticipado de la legislatura. Llevamos demasiado tiempo escuchando que el siguiente episodio será el definitivo. Nunca lo es. Cambia el calendario, los protagonistas, las polémicas, los escándalos, pero amigos, el resultado es siempre el mismo. La piedra de Sísifo vuelve a rodar ladera abajo, y nosotros, abajo, esperándola. Y nos da en toda la boca.
Y ya conocemos al personaje. Sabemos que cambiar de criterio nunca ha sido un problema cuando el objetivo es seguir gobernando, que el relato lo adapta a la necesidad del momento con una facilidad admirable, y que lo importante no es lo que se dijo ayer, sino lo que conviene decir hoy para continuar en el poder.
Así que yo, estoy cansado de siempre lo mismo y como en Madrid nada cambia y cada vez nos asfixia más y veo que se gobierna solo para tres comunidades autónomas, pues eso pensemos en las comunidades autónomas, donde el voto todavía tiene valor: ahí se decide quién gestiona la sanidad, la educación, las infraestructuras, la política fiscal y buena parte de la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas y ciudadanes.
Pero teniendo en cuenta que no todas las comunidades juegan la misma liga. Algunas llevan demasiado tiempo en el banquillo; otras entendieron hace años cómo funciona esto de ser comunidad autónoma en España. Os hablo de el País Vasco, Cataluña y Navarra, ellos no van a Madrid a pedir permiso: van a defender los intereses de sus ciudadanos. Exigiendo. Tales como inversiones, financiación, competencias y cuanto consideran beneficioso para su territorio. Se podrá discrepar de sus planteamientos -yo discrepo de muchos-, pero sería absurdo negar que conocen el terreno que pisan y lo aprovechan en beneficio de quienes representan.
Ahora le toca espabilar al resto. Y a Canarias, que sabe de sobra lo que es ir a Madrid a reclamar lo propio y volver con menos de lo que fue a pedir, le toca dejar de comportarse como una administración resignada y empezar a actuar como auténtica representante de sus ciudadanos: ir con proyectos, con firmeza y con la determinación de quien sabe que nadie va a regalarle nada. Porque nadie defiende mejor un territorio que quien está dispuesto a pelear por él. Y los que mejor pelean nos han demostrado ser los nacionalistas. Ahí las evidencias lo dicen todo.
Así que cuando llegue el día en que Sánchez decida convocar elecciones, porque será él quien decida cuándo le convienen, escucharemos el mensaje que ya tiene ensayado. Ese que hace que el miedo ocupe el centro del debate. Miedo a que viene esa ultraderecha inventada por los que mandan ahora, miedo a perder privilegios, miedo a ser libres. Muchos tendrán que elegir otra vez entre lo que piensan y el miedo que les transmitirán y si eso funciona otra vez, regresaremos al mismo punto. O a uno peor.
Mientras tanto la senda que nos ha marcado este gobierno es una España donde producir resulta cada vez más difícil y depender de la Administración sanchista parece que es lo mejor y ni se te ocurra asumir riesgos, te fríen a impuestos. Si creas riqueza la carga es insoportable ya que el sanchismo fomenta que el esfuerzo sea la primera fuente de desprestigio en una España subvencionada.
Ese es el verdadero debate.
Por eso he dejado de preguntarme qué tiene que pasar. Ya lo sé. Nada. Sánchez no se va.
Ellos aprendieron hace años cómo funciona este reino. El resto de España ya va con retraso. Iba siendo hora de espabilar. Pero no. No ha sido así.






