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sábado, 11 abril,2026

Un policía nacional de Tenerife, a un paso de la cárcel por avisar a su suegro investigado por tráfico de armas

La Fiscalía mantiene 2 años de prisión y 3 de inhabilitación. El agente sostiene que la consulta en la base de datos policial fue "genérica y fallida".

Un agente de la Policía Nacional destinado en Tenerife se enfrenta a una petición de dos años de cárcel y tres de inhabilitación por, presuntamente, haber avisado a su suegro de que estaba siendo vigilado en una investigación por tenencia ilícita de armas y munición. El acusado niega la filtración y asegura que la consulta que hizo en la base de datos policial fue «genérica y fallida». El caso, pendiente de sentencia, pone sobre la mesa una pregunta incómoda: quién controla a quien controla.

Los hechos que se juzgan son, sobre el papel, sencillos. Un policía nacional accede a una base de datos del cuerpo y, según la Fiscalía, utiliza ese acceso para averiguar si un familiar suyo —su suegro— estaba siendo investigado. La investigación en curso no era menor: tenencia ilícita de armas y munición. Tras esa consulta, siempre según la acusación pública, el agente habría informado al investigado de que estaba siendo vigilado.

El acusado lo niega. Su defensa sostiene que la consulta que aparece en el registro informático fue genérica, que no arrojó resultado útil y que no hubo filtración posterior. La Fiscalía no lo ve así y mantiene su petición: dos años de prisión por un presunto delito de revelación de secretos y tres de inhabilitación especial para el ejercicio del cargo.

Conviene recordar en qué punto está la causa. No hay sentencia. El agente se enfrenta a una acusación formal y a una petición concreta, pero mantiene, mientras no haya sentencia firme, todas las garantías de la presunción de inocencia. Conviene recordar también que, si los hechos se consideran probados, la pena contemplada permitiría al condenado eludir el ingreso efectivo en prisión por ser inferior a dos años —aunque la inhabilitación sí sería efectiva y le apartaría del cuerpo—.

Más allá del caso concreto, el procedimiento levanta una cuestión estructural: los sistemas de consulta policial están diseñados para agentes que trabajan con datos sensibles cada día. Cada acceso queda registrado. Cada búsqueda deja huella. Que un agente llegue a sentarse en el banquillo significa, también, que los controles internos funcionan. Pero no debería ser motivo de tranquilidad institucional, sino de revisión: ¿cuántos accesos extemporáneos se auditan de oficio cada año en Canarias? ¿Cuántos acaban en expediente y cuántos en juzgado?

La investigación empezó dentro del propio cuerpo y ha terminado en sala de vistas. Eso habla bien de los mecanismos de control. Habla peor, sin embargo, del hecho de que alguien con placa decida —si la sentencia da la razón a la Fiscalía— que su lealtad familiar pesa más que el uniforme. La resolución judicial marcará si fue consulta inocente o aviso dentro de la familia. Pero el debate sobre el uso personal de bases policiales se queda sobre la mesa, con sentencia o sin ella.

Redacción
Redacción
Equipo de Redacción de elburgado.com

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