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sábado, 13 junio,2026

Pinocha y riesgo de incendio: Qué puedes limpiar, que no y a quién le toca cada cosa

Ha sido un invierno largo de lluvia y el monte de Tenerife lo agradeció con verde por todas partes. El problema llega ahora: ese verde se seca con el calor y se convierte en combustible. A la hierba se le suma la pinocha, esa alfombra de hojas de pino que arde con una facilidad que sorprende a quien nunca ha visto cómo prende. Antes de que el verano lo decida por nosotros, conviene tener claro qué le toca limpiar a cada uno, porque el fuego no entiende de competencias administrativas.

Empecemos por lo más incómodo: a usted le toca lo suyo. Si vive cerca del monte o tiene una parcela en zona de interfaz urbano-forestal, el Cabildo de Tenerife recomienda mantener limpia de vegetación una franja de unos 15 metros alrededor de la vivienda y otras edificaciones, sin amontonar los restos en los alrededores. La normativa autonómica fija además una faja desbrozada mínima de 3 metros en casas y urbanizaciones, con la masa arbórea aclarada y podada. A eso se añade el mantenimiento básico: tejados y canalones limpios de hojas y ramas, ramas bajas cortadas y la pinocha retirada de los aledaños de la casa. La pinocha de su propio terreno la puede limpiar usted; el problema aparece cuando hablamos del monte.

Al Ayuntamiento le corresponde otra capa. Es quien vigila los solares urbanos sin limpiar a través de la ordenanza de limpieza y vallado de terrenos: todo propietario está obligado a mantener su suelo en condiciones de seguridad y salubridad. Si no lo hace, el consistorio puede recurrir a la ejecución subsidiaria, es decir, contratar el desbroce y pasarle después la factura al dueño. El Ayuntamiento es también quien aprueba el Plan de Autoprotección que cada propietario debe presentar y quien lo integra en el Plan Local de Emergencias por Incendios Forestales.

Y al Cabildo le toca el monte. Gestiona los montes públicos, las pistas forestales y las fajas auxiliares de seguridad, y mantiene el plan insular de defensa contra incendios. Aquí está el matiz de la pinocha: recogerla en el monte no está prohibido, pero necesita autorización previa del Cabildo. En monte privado, el propietario —o un tercero con su permiso— puede solicitarla. Otras prácticas habituales del verano, como quemar restos de poda, también requieren permiso y están restringidas en los meses de mayor riesgo.

El reparto, en realidad, es sencillo de enunciar y difícil de cumplir: usted, su parcela; el Ayuntamiento, los solares y el suelo urbano; el Cabildo, el monte y los permisos. Lo complicado no es entenderlo, sino que cada eslabón haga su parte antes de agosto. Porque cuando el fuego llega, no pregunta de quién es la pinocha: la quema toda igual.

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