Hungría ha vivido este domingo un vuelco electoral histórico que cierra la etapa del partido Fidesz en el poder. Con el 97% de los votos escrutados, Péter Magyar, líder de la formación opositora Tisza, se ha alzado con una victoria aplastante al obtener 138 escaños, superando con creces la mayoría absoluta necesaria en la Asamblea Nacional. El actual primer ministro, el ultraconservador Viktor Orbán, ha sufrido una derrota sin paliativos al quedarse con tan solo 55 representantes, lo que supone el fin de su hegemonía política tras catorce años de gobierno ininterrumpido.
La jornada electoral ha estado marcada por una movilización masiva que ha permitido a Magyar capitalizar el descontento social acumulado. El candidato del partido Tisza, antiguo aliado del régimen que rompió con el entorno de Orbán a principios de año, ha basado su campaña en la lucha contra la corrupción sistémica y la promesa de restaurar plenamente el Estado de derecho en el país. Su discurso ha calado especialmente en los núcleos urbanos y en una juventud que ha visto en su figura la oportunidad de reorientar el rumbo de la nación hacia posiciones más próximas a Bruselas.
El resultado supone un cambio de paradigma en la política exterior húngara. La caída de Orbán, conocido por sus posturas prorrusas y sus constantes bloqueos a las iniciativas de la Unión Europea, ha sido recibida con expectación en las cancillerías internacionales. Péter Magyar ya ha adelantado que su prioridad será desbloquear los fondos europeos retenidos por la Comisión Europea y reestablecer una relación de confianza con los socios comunitarios, alejándose de la órbita de Moscú que había definido la gestión de su antecesor en los últimos tiempos.
Viktor Orbán, por su parte, ha reconocido los resultados en una breve comparecencia donde ha constatado el cambio de ciclo político. Los analistas coinciden en que la velocidad del ascenso de Magyar ha desarticulado por completo la estrategia de campaña del Fidesz, que no ha logrado contrarrestar el desgaste provocado por la inflación y los escándalos políticos de los últimos meses. Con este escrutinio casi definitivo, Hungría inicia una transición que promete transformar profundamente sus instituciones y su papel dentro del tablero europeo.







