lunes, 7 septiembre,2026

¿NO ESTÁ PASANDO NADA?

Hay semanas en las que uno tiene la incómoda sensación de que Sánchez ya no se molesta en convencerte de que las cosas van bien, se conforma con convencerte de que no estás viendo lo que estás viendo. Con Ceuta hemos llegado justamente a ese punto: alfombra al invasor y porra al caballa, al ceutí. De locos, como dice mi amigo José.

El presidente compareció esta semana en el Congreso a explicar lo ocurrido y anunció más controles, más cámaras térmicas, drones, sistemas marítimos de contención, más capacidad de acogida, presencia permanente de Frontex y Europol y otros cien millones en ayudas. Lo verdaderamente notable, es que  Sánchez sigue sosteniendo que no existen pruebas suficientes para responsabilizar a Marruecos de lo sucedido, y dio muchas explicaciones  y  cuando una explicación necesita demasiadas explicaciones, la explicación se cae sola.

Aquí ya no estamos hablando de Feijóo, ni de Abascal, ni de esa derecha a la que Moncloa suele atribuir desde el cambio climático hasta el hecho de que un camarero te traiga la cerveza caliente, porque esta vez preguntan los suyos, y empiezan también a inquietarse los alcaldes socialistas cuando piensan en las próximas elecciones. Compromís ha hablado del “síndrome de Estocolmo” de Sánchez con el rey de Marruecos, Izquierda Unida no comparte la versión oficial, Sumar se desmarca, ERC la considera poco creíble, Podemos plantea suspender temporalmente las relaciones con Rabat, y Junts y el PNV le reprochan a Interior negligencia, fracaso o vodevil, aunque -eso sí- mucho ruido y ninguna consecuencia, porque todos ellos sostendrán al presidente pase lo que pase, siendo también posible que haya algo debajo de la mesa que aún no vemos y que entra igualmente dentro de lo probable. A ver si el Tribunal Supremo lo descubre ahora que se ha puesto a investigar.

Y mientras discutimos quién sabía qué, quién recibió qué informe y a qué hora entró el mensaje, hay una pregunta sencilla, que es quién tenía la obligación de evitar que esto ocurriera. Según Marlaska, nadie, porque esto son cosas que pasan, como la lluvia o el granizo, de modo que ya solo queda que nos pidan a los de aquí que hagamos sitio a los de allí para no molestar al vecino, cuando resulta que las fronteras no son competencia del Ayuntamiento de Ceuta ni del presidente Vivas, sino que nacionalidad, inmigración, extranjería, relaciones internacionales, defensa y seguridad pública pertenecen al ámbito estatal, es decir, a Sánchez.

Ahora bien, Ceuta abre además otro debate que yo ya expuse el otro día en la radio: estamos asistiendo a una transformación demográfica evidente cuyo alcance, causas, velocidad o denominación pueden discutirse cuanto se quiera, pero cuya pretendida neutralidad respecto de las políticas migratorias, de acogida, regularización, distribución territorial e integración adoptadas por los poderes públicos resulta muy difícil de sostener. Y no hablo únicamente del Gobierno central, sino también de los autonómicos, empezando por el nuestro aquí en Canarias, porque las fronteras serán estatales, cierto, pero luego llegan la vivienda, los servicios sociales, la educación, la sanidad, las ayudas y la integración, y ahí aparecen administraciones de todos los colores políticos protestando por lo que ellas mismas financian, en una de las grandes especialidades del oficio en los últimos tiempos, que consiste precisamente en estar en contra de las consecuencias de aquello que uno mismo contribuye a organizar.

Entre tanto, se ha instalado un chantaje intelectual bastante eficaz, porque si preguntas por las cifras, por la capacidad real de integración, por el efecto sobre los servicios públicos, por las fronteras o por las consecuencias culturales y demográficas de determinadas políticas, ya no hace falta responderte: te ponen un nombre, y asunto resuelto. A los ciudadanos nos han reservado una función sencilla, que es la de mirar y callar. Hasta que te boten y vete a quejarte a Argentina, pues Europa pasa de ti como España.

Y así, mientras Marruecos mueve sus piezas con la tranquilidad de quien sabe que no tendrá réplica, Sánchez tranquiliza a los suyos y les dice a las autonomías  que sigan recibiendo y financien.  Y la oposición protesta en el Congreso, Bruselas observa y pasa, los charlatanes explican en los platós y los tertulianos se indignan a la hora convenida y ud y yo   nos limitamos a pagar la entrada, ocupar nuestra butaca y procurar no toser durante la función, aun cuando el paisaje va cambiando delante de nosotros a pasos agigantados. Mire como  cambian las fronteras, las ciudades y los barrios, la composición de la sociedad. Y resulta que   quienes tienen la obligación de gobernar nos siguen contando que no está ocurriendo  lo que estamos viendo y viviendo.

Y es que ya no resulta necesario censurar al que describe la realidad y es que la realidad tiene una costumbre bastante incómoda para quienes gobiernan a base de negarla, y es la de imponerse siempre, es cuestión de tiempo. Y ese día, cuando llegue -que llegará-, ya no habrá cámara térmica, ni dron, ni comparecencia parlamentaria, ni cien millones de euros que alcancen para seguir explicándonos que aquí no estaba pasando nada.

Juan Inurria
Juan Inurria
Abogado. CEO en Grupo Inurria. Funcionario de carrera de la Administración de Justicia en excedencia. Ha desarrollado actividad política y sindical. Asesor y colaborador en diversos medios de comunicación. Asesor de la Federación Mundial de Periodistas de Turismo. Participa en la formación de futuros abogados. Escritor.
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