La plataforma Movistar Plus+ ha iniciado la emisión en pruebas de Canal Red, el proyecto audiovisual dirigido por el exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias. La señal ha aparecido en el dial de la plataforma de Telefónica como un paso técnico previo a su integración definitiva en la parrilla de contenidos, una maniobra que sitúa al canal de corte militante en el escaparate de la mayor operadora de televisión de pago en España.
La llegada de Canal Red a Movistar Plus+ supone un salto cualitativo para el proyecto de Iglesias, que hasta ahora centraba su difusión en internet y en algunas licencias locales de TDT. Con esta incorporación, el canal accede a un ecosistema de millones de abonados, lo que le otorga una visibilidad y una capacidad de influencia muy superiores a las que mantenía en plataformas abiertas. El despliegue se está realizando de forma progresiva, ajustando los parámetros técnicos antes de que los usuarios puedan sintonizarlo de manera estable en sus descodificadores.
Desde un punto de vista crítico, este paso resulta llamativo tanto por el momento político como por la estrategia comercial de la operadora. Resulta paradójico que Pablo Iglesias, quien durante años ha mantenido un discurso de confrontación directa contra las grandes corporaciones y el Ibex 35, haya negociado el alojamiento de su medio de comunicación precisamente en el seno de Telefónica. Esta alianza pone de manifiesto que, en el actual mercado de la comunicación, la necesidad de supervivencia financiera y de alcance mediático termina por diluir las barreras ideológicas que se proclaman en antena.
Por otro lado, la decisión de Movistar Plus+ también genera interrogantes sobre su política de contenidos. Al incluir una señal de marcado carácter partidista y sin los filtros de neutralidad que se exigen a otros medios convencionales, la plataforma asume el riesgo de polarizar su oferta comercial. Mientras que para Canal Red la entrada en Movistar es un balón de oxígeno que profesionaliza su estructura, para la operadora supone abrir la puerta a un contenido que, lejos de ser puramente informativo, se define a sí mismo como una herramienta de intervención política directa. Habrá que observar si esta incorporación responde a una demanda real de los abonados o si es simplemente un movimiento táctico en el complejo tablero de influencias entre el Gobierno y las grandes empresas del país.







