sábado, 5 septiembre,2026

Milei endurece su ofensiva por las Malvinas y confía en un giro de Trump frente a Londres

Javier Milei ha elevado la presión sobre el Reino Unido por las Islas Malvinas y ha aprovechado las recientes declaraciones de Donald Trump para defender que existe una oportunidad para que Washington modifique su tradicional posición de neutralidad en la disputa. En un discurso televisado a todo el país, el presidente argentino aseguró que los «vientos de cambio» favorecen ahora la reivindicación de Buenos Aires y volvió a reclamar la recuperación del archipiélago por vías pacíficas.

Milei anunció además un endurecimiento de las sanciones contra las empresas que participen en la explotación de petróleo en las islas sin autorización argentina. La medida afecta especialmente al proyecto Sea Lion, en el que participan las compañías británica Rockhopper e israelí Navitas. Argentina también prepara el refuerzo de sus capacidades militares y de telecomunicaciones en Tierra del Fuego, aunque el presidente no planteó una acción militar contra las islas.

El mandatario argentino considera especialmente relevante que Trump haya planteado el pasado lunes la posibilidad de revisar la postura estadounidense sobre las Malvinas. El presidente de Estados Unidos no anunció ningún cambio concreto, pero puso en duda la continuidad de la posición tradicional de Washington, que se ha mantenido esencialmente neutral desde la guerra de 1982.

Londres ha respondido de inmediato. El ministro británico de Defensa, Wes Streeting, afirmó que las Falkland «son británicas porque los isleños eligen ser británicos» y calificó de «absoluto e inquebrantable» el compromiso del Reino Unido con el archipiélago. El Gobierno británico sostiene su posición en el principio de autodeterminación y recuerda que en el referéndum de 2013 el 99,8% de los votantes respaldó seguir siendo territorio británico de ultramar.

Streeting también ha interpretado el discurso de Milei como un movimiento ligado a la política interna argentina. La disputa vuelve así al primer plano diplomático 44 años después de la guerra de 1982, con el petróleo como nuevo elemento de tensión y con la incógnita de hasta dónde está dispuesto Trump a alterar la tradicional posición estadounidense.

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LECTOR AL HABLA