domingo, 5 julio,2026

Mi club, mi ciudad, mi campo, pero ¿es mio?

Veía el otro día declaraciones de Menceyes sobre si un campo de eso que llaman fútbol debía estar en su ciudad, y alguno comentaba que, si no era así, abandonaba su tribu. Era extraño, porque daba a entender que ese equipo que ahora llaman Club debe jugar en un determinado campo, ahora llamado estadio, y en una determinada urbe o ciudad.

La primera pregunta que me hice fue: ¿de quién es el equipo del que todos opinan que debe estar en su menceyato? Es manifiesto que el Club pertenece al Mencey Garrido, el mayor poseedor de acciones de dicho Club, pese a que haya cedido algún derecho temporalmente, de forma que, cuando se juntan en su Tagoror en diciembre o julio, se lo haya cedido a un Mencey del Norte, aunque no por mucho tiempo, pues intuyo que le deben y quizás se lo devuelvan pronto. Y a día de hoy, el Mencey Garrido no ha dicho nada, pese a ser quien realmente manda —no en el día a día, sino como único capaz de tomar una decisión sin contestación, pues posee, junto a unos Menceyes minoritarios, la mayoría—. Tiene gracia que los jefes de un Menceyato le digan al dueño del Club dónde debe jugar, aunque en realidad peleen por terrenos, cuando el Club debería tener los suyos propios, si tan rico fuera, que no lo es, aunque alguno lo crea o lo haya creído.

La segunda pregunta fue: ¿de quién es el estadio? Ahí me acordé de varios Menceyes de la Isla, uno de una tribu llamada Coalición y otro del PP, que dicen repartirse el poder, pero que van en la misma dirección sin apenas diferencias. Ambos, en su forma de dirigir y de repartirse el poder, gestionan la propiedad del campo, que es de todos, aunque esté en un poblado del archipiélago llamado Santa Cruz.

En tercer lugar, me pregunté por qué, si el estadio es de todos, cuando se traslada a otro sitio un Mencey abandona su tribu y deja de hablarse con quienes eran los suyos. Y me pregunté si realmente ese Mencey actúa en beneficio del interés general —que debería ser el de toda su tierra— o solo del de su poblado. Me acordé de un montón de eventos de otros poblados que han acabado en su menceyato, como el Cook Music Fest o el Peñón Rock; de carreras nocturnas celebradas el mismo día o la víspera de carreras históricas que se celebraban en el Menceyato de Taoro y que han desangelado y menospreciado; de carnavales de día celebrados el mismo día que desfiles apoteósicos en otros puntos de la isla a los que han dejado hundirse, como en el Puerto de la Cruz. En fin, que me di cuenta de que ni el campo de fútbol es suyo, ni el equipo es suyo, ni el estadio es suyo, ni la afición entera es de su tribu, ni le importan los demás. En fin, que quizás ese Mencey ha perdido el concepto del equilibrio y del desarrollo de su isla, siendo el primero en aceptar que todo lo demás venga a su territorio, sin siquiera apoyar a los demás que iban perdiendo elementos de identidad.

Nadie duda de que el campo siempre ha estado en su menceyato, pero el Club es de varios —entre ellos, el Mencey Garrido—; el campo lo llena gente de toda la isla, en gran parte del Norte y del área metropolitana, y ahora mismo menos del 25 % de su capital social pertenece, quizás, a empresarios de Santa Cruz. ¿Por qué no empezar a usar el sentido común y construir el nuevo estadio donde se encuentre el mejor terreno, acceso, inversión y elementos comunes a la empresa, como servicios, calidad, accesibilidad y demás?

Quizás no sea bueno para el Mencey de Santa Cruz y sí para el de La Laguna, o quizás, siendo salomónicos, podamos instalarlo en Buenavista o Los Silos, donde hay más terreno; pero sí es cierto que el Club pudo estar politizado, igual que lo está ahora, pues antes eran más amarillos y ahora chatean en privado con los de azul. Pero el Club pertenece a los socios, y si estos creen que, mediante Junta, puede trasladarse a La Laguna por ser la mejor opción, deberían hacerlo; y si lo quieren en Buenavista, La Orotava o Santiago del Teide, también. Pero apropiarse de un campo que no es suyo, de un Club que no es suyo, y de todo lo que genera riqueza y rentabilidad en la isla, produce desequilibrios que llevan a la pobreza.

El Sur se llevó el turismo y mató al Norte. Se llevó las autopistas, la inversión y el trabajo. El área metropolitana se llevó inversión, conciertos, eventos, fiestas y demás, y convirtió ciudades del Norte en pueblos, y pueblos en barrios; pero recordemos que el Club es de todos, y todos eligen dónde va el estadio, sus sentimientos, su escudo y demás, porque son esas circunstancias de soberanismo absoluto y sin razonamiento las que, durante los últimos 25-30 años, han hundido al Norte de la isla y su afición, tanto como la falta de ella en el Sur.

Sinceramente, cuando miro desde mi cráter, solo veo solares con edificios en el Norte y en el Sur, pero ya no hay vida: alguien la mató. Y, quieran o no quieran, amarillos y azules son del mismo bando en este asunto, aunque ahora, desde su Consejo, te vendan otra cosa. De hecho, me lo dijo un Mencey que me enseña eso que llaman chat, cuando celebran Tagoror en el estadio y se juntan cinco con más pinta de califas que de sabios: si algo tienen es que se pasan audios y mensajes a sus líderes intelectuales o Menceyes para ganarse su apoyo o sus riquezas, incluso para salvar a sus Príncipes del Norte.

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LECTOR AL HABLA