Hay imágenes que retratan a un político mejor que cualquier otra cosa. Ver a Pedro Sánchez subirse al escenario del Círculo de Bellas Artes para articular un discurso trufado de la jerga de TikTok – hablando de <<farmear aura>>, <<NPC>> o <<six seven>> – no constituye una simple anécdota simpática. Es una auténtica vergüenza institucional y un insulto a la inteligencia de los españoles.
Resulta lamentable ver al presidente del Gobierno recurrir al postureo, sonreír delante de la cámara y confesar entre risas que desconoce esas expresiones, para añadir acto seguido que <<sabe que dejarse medio sueldo en el alquiler es un problema>>.
Pero convendría preguntarle, señor Sánchez: ¿de qué se ríe exactamente?
Lleva ocho años gobernando el país. Ocho años con todo el aparato del Estado, los ministerios y los Presupuestos Generales en su mano, sin presentarlos, eso sí. Y su gran aportación para la juventud española, tras casi una década en la Moncloa, ¿consiste en subirse a una tribuna a hacer el ridículo disfrazado de adolescente para decirnos que ahora se ha enterado de que la vivienda está cara en la XXVI Asamblea General del Consejo de la Juventud de España?
No, señor Sánchez. La tragedia de la juventud española no reside en que los adultos no entiendan su jerga. La verdadera tragedia es padecer un Gobierno que ha convertido la vida de los jóvenes en una gincana imposible. Si hoy los menores de treinta y cinco años se ven incapaces de independizarse, la culpa es directa y exclusivamente de sus políticas.
Han destrozado el mercado de la vivienda. Se les llenó la boca prometiendo promociones masivas de pisos públicos y aprobaron una Ley de Vivienda intervencionista que solo ha servido para asfixiar la oferta, ahuyentar a los propietarios y disparar los precios a máximos históricos. Hoy, un joven ni tan siquiera puede aspirar a comprar una vivienda; tiene que consignar casi la mitad de su sueldo para alquiler una simple habitación en un piso compartido.
Han maquillado el paro con trampas estadísticas. Nos venden un triunfalismo sonrojante mientras España sigue a la cabeza del desempleo juvenil en Europa. Han cambiado la denominación de los contratos con el fijo-discontinuo, pero la realidad en la calle sigue siendo la misma: precariedad, salarios devorados por la inflación y ausencia total de perspectivas de futuro.
Han sustituido las oportunidades por el asistencialismo. Como son incapaces de vertebrar un entorno donde el mérito, la formación y el esfuerzo sirvan para prosperar, pretenden comprar el voto juvenil a base de cheques electorales, bonos y subsidios. Quieren a los jóvenes dependientes del Estado porque una juventud libre e independiente no les vota.
Lo de Pedro Sánchez no es empatía; es cinismo puro y duro. Pretender tapar el fracaso absoluto de su gestión política con un par de frases virales en redes sociales equivale a tratar a toda una generación como si fuera tonta.
A los jóvenes de este país no les hace falta un presidente que, tras unas “merecidas vacaciones por su derecho al descanso”, intente caer simpático en TikTok o hacerse el gracioso. Los jóvenes necesitan a un Gobierno que apueste por ellos, que les garantice seguridad jurídica para que aflore la oferta de alquiler a precios razonables, que cree un mercado laboral donde se premie el talento y que, de una vez por todas, les deje de meter la mano en el bolsillo.
Pero pedirle eso a este Ejecutivo es pedir un imposible. En su discurso, Sánchez insistió con vehemencia en que hay que escuchar a la juventud, en que hay que preguntarnos directamente a nosotros. La pregunta se responde sola: ¿de verdad Pedro Sánchez está escuchando a los jóvenes, o al país en general?
Será que no. Claro que es difícil escuchar a la calle cuando se tiene la agenda colapsada. Será que entre la cascada de escándalos que salpican a miembros de su partido y a su entorno más íntimo – con próximas citas judiciales tan destacadas como las de Begoña Gómez o las sombras que acorralan a Zapatero –, resulta muy complicado oír el clamor de la calle.
Que se dejen de discursos infantilizados. Cuando llega el primer día de cada mes y hay que pagar las cuentas, el postureo de la Moncloa no pone el bolsillo para cubrir los recibos. Estar acorralado por los tribunales mientras se intenta distraer a la juventud con frases virales no es conectar con la gente: Contra todo eso no hay <<aura>> en el mundo que sirva de maquillaje.






