La reforma del Estatuto Marco, que debía ser el gran bálsamo para la sanidad pública española, ha terminado por convertirse en un nuevo escenario de confrontación. Este miércoles, lo que se preveía como una reunión decisiva en el Ministerio de Sanidad acabó en una ruptura abrupta cuando los representantes de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) y el Sindicato Médico Andaluz (SMA) decidieron abandonar la mesa de negociación. Apenas veinte minutos después de comenzar el encuentro, los líderes del colectivo médico se levantaron de sus asientos, dejando claro que el preacuerdo anunciado días atrás por el departamento de Mónica García con los sindicatos de clase no cuenta con el respaldo de quienes visten la bata blanca.
El detonante de este desplante ha sido la entrada en la negociación de Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, cuya intervención fue interpretada por los médicos como una falta de voluntad real para atender sus demandas específicas. Según fuentes sindicales, el Ministerio pretendía imponer el documento firmado el pasado lunes con CCOO, UGT, CSIF y SATSE, dando por concluidas las conversaciones técnicas. Para el colectivo médico, este movimiento supone un «desprecio» a su categoría profesional, ya que el texto actual diluye, a su juicio, las necesidades particulares de los facultativos dentro de un marco general que consideran insuficiente para frenar la fuga de talento y el agotamiento del sistema.
Desde el Ministerio de Sanidad, la lectura es diametralmente opuesta. El equipo de Mónica García defiende que el preacuerdo alcanzado es histórico, pues incluye la esperada jornada de 35 horas semanales y mejoras significativas en las condiciones de jubilación. Sanidad lamenta que CESM y SMA se hayan enrocado en la exigencia de un «estatuto propio» solo para médicos, una medida que el Gobierno califica de inviable por el riesgo de fragmentar la unidad del Sistema Nacional de Salud. Para el Ministerio, la salida de los médicos de la mesa es una maniobra de presión política que ignora los avances logrados para el conjunto de los trabajadores sanitarios.
Esta ruptura total no solo deja herida la reforma legislativa, sino que reactiva el conflicto en las calles. Al no sentirse vinculados por el pacto, los sindicatos médicos han ratificado que las huelgas convocadas para los días 15 y 16 de enero de 2026 siguen en pie. El escenario que se dibuja para el inicio del año es de una sanidad dividida: por un lado, una administración que busca cerrar el texto definitivo antes de que termine diciembre y, por otro, un colectivo médico que se siente ninguneado y que advierte que no habrá paz social sin un reconocimiento explícito a su responsabilidad y singularidad profesional.







