- Publicidad -
Cajasiete
Inicio Mundo joven Las antenas del 6G podrán «ver» a las personas: el gran debate...

Las antenas del 6G podrán «ver» a las personas: el gran debate sobre privacidad que acompaña a la próxima generación de telecomunicaciones

Foto Marcos Santos USP

El debate sobre el 6G ha dejado de ser solo técnico. Las antenas de sexta generación no solo transmitirán datos como hacen hoy, sino que también podrán «ver» el entorno, detectar movimiento, localizar personas y monitorizar su estado. La red funcionará como una especie de radar de alta precisión integrado en la propia infraestructura de telecomunicaciones. La pregunta que centra ahora la discusión es quién controlará esa información y qué impedirá que se use para espiar a los ciudadanos.

La tecnología detrás de esta capacidad se llama ISAC, por sus siglas en inglés, que integra comunicación y detección en las mismas ondas de radio. El Instituto Europeo de Normas de Telecomunicaciones (ETSI) ya ha publicado un documento técnico que analiza los riesgos derivados de esta convergencia, entre ellos el sensado no autorizado, la interceptación de información mediante las propias señales de detección y la manipulación de datos por vía aérea, señalando que muchos de estos riesgos no pueden mitigarse solo en capas superiores del sistema, sino que exigen mecanismos de seguridad en la capa de radio.

En materia de privacidad, el ETSI exige consentimiento explícito para las operaciones de sensado, transparencia hacia los usuarios y la obligación de limitar la precisión del posicionamiento al mínimo imprescindible, especialmente cuando afecte a personas conectadas o no conectadas a la red.

La respuesta europea más concreta llega desde España. La Universidad Carlos III de Madrid lidera el proyecto PAISES-6G, financiado con ocho millones de euros por la Unión Europea y respaldado por 18 organizaciones de nueve países, entre ellas Telefónica Innovación Digital, Telecom Italia y NEC Laboratories Europe. Su coordinador, Pablo Serrano, catedrático de Ingeniería Telemática, lo resume sin rodeos: «Esto abre posibilidades enormes, como monitorizar a un paciente en casa sin que lleve ningún sensor encima, pero también plantea riesgos serios: ¿quién controla esa información? ¿Puede la red espiarnos? Trabajamos en cómo hacer que esa capacidad de detección sea segura y solo accesible para quien tiene permiso, e incluso en que los usuarios puedan hacerse invisibles».

El proyecto trabaja sobre tres pilares. El primero es la inteligencia artificial preventiva, con agentes que monitorizan la red en tiempo real y detectan comportamientos sospechosos de forma autónoma. El segundo es la criptografía poscuántica, ante la amenaza de que los ordenadores cuánticos del futuro sean capaces de romper los sistemas de cifrado que protegen hoy las comunicaciones. El tercero consiste en diseñar mecanismos para que operadores, empresas y usuarios compartan datos sin que nadie acceda a lo que no le corresponde, integrando la privacidad en el propio diseño de la red, no como un añadido posterior.

El objetivo final es que los algoritmos desarrollados en los laboratorios de Leganés y el País Vasco se conviertan en el estándar global del 6G a través de los organismos internacionales de normalización. El despliegue comercial de la sexta generación está previsto para 2030, aunque los primeros casos de uso reales podrían llegar entre 2026 y 2028, con China y Corea del Sur marcando el ritmo de una carrera tecnológica que Europa intenta no perder.