El pasado jueves 10 de abril, la misión Artemis II de la NASA amerizó en el Pacífico, frente a las costas de San Diego, con sus cuatro astronautas a bordo tras diez días de misión alrededor de la Luna. Fue la primera vez que seres humanos viajaron hacia la Luna en más de 50 años, y batieron el récord de la distancia más lejana jamás recorrida desde la Tierra.
Los astronautas volvieron sanos. Pero la NASA ya está pensando en lo que pasa si en la próxima misión algo va mal sobre el Atlántico. Y ahí es donde aparece Canarias.
La visita de hoy se enmarca en la estrategia de la NASA para el programa Artemis. Debido a la posición estratégica del archipiélago, las islas podrían desempeñar un papel crucial en caso de contingencias en el Atlántico.
La delegación está integrada por el director médico de la NASA, James D. Polk; la subdirectora médica del Centro Espacial Johnson, Sharmi Watkins; el jefe de división de Medicina Espacial, Gary Beven; y el responsable del Grupo de Coordinación de Contingencias, Travis Houser. No mandan a cualquiera. Mandan a los cuatro grandes de la medicina espacial americana.
Canarias ya jugó un papel en la misión Artemis II en la fase de seguimiento y control durante la reentrada desde Gran Canaria. Ahora la NASA quiere añadir la capacidad sanitaria de Tenerife al protocolo de emergencias para las próximas misiones, incluida la Artemis III que está prevista para el año que viene.
Para el oyente canario esto se resume en una frase: si un astronauta americano tiene un problema volviendo de la Luna y cae en el Atlántico, puede que el hospital que le salve la vida esté en La Laguna.







