La marcha volvió a ejercer de salvavidas del atletismo español en el Campeonato de Europa de Birmingham. En una sola jornada, la disciplina que sostiene buena parte del prestigio internacional de España aportó cuatro medallas, dos de ellas de oro, que catapultaron al equipo nacional hasta el séptimo puesto del medallero. Un día redondo que confirmó, una vez más, que cuando el atletismo español busca resultados, la marcha es el primer lugar al que mira.
El plato fuerte llegó con un doblete de oro en el estreno de una nueva distancia, el medio maratón marcha. María Pérez se colgó el título con una autoridad incontestable, aventajando en 58 segundos a la italiana Alexandrina Mihai y firmando además una plusmarca mundial en la prueba. El triunfo agranda la leyenda de la granadina, doble campeona olímpica en París 2024 y bicampeona mundial en Tokio 2025, que suma su segundo oro europeo ocho años después del que logró en Berlín. En la prueba masculina, Paul McGrath, un barcelonés de 23 años de raíces escocesas e irlandesas que ya fue plata europea en Roma 2024, tocó el cielo con su primer gran título continental y regaló a España su primer oro europeo del campeonato.
La cosecha no se detuvo ahí. Apenas dos horas separaron ese oro del bronce de Raquel González en el maratón marcha, y entre medias Miguel Ángel López demostró, con una plata a sus 38 años, que sigue teniendo piernas para pelear con los mejores. Cuatro medallas en las cuatro pruebas de marcha disputadas, un pleno que refleja la profundidad de una escuela que en España no depende de una sola figura, sino de todo un bloque capaz de subir al podio en distintas distancias y categorías.
El resultado adquiere aún más valor al ponerlo en contexto. Antes de la irrupción de los marchadores, la delegación española apenas había sumado una plata de Marta García en 5.000 metros y un bronce de Mohamed Attaoui en 800, un botín discreto para las expectativas del equipo. Fue la marcha la que transformó el balance y disparó a España en la tabla, en línea con lo ocurrido en las últimas grandes citas, desde los Juegos de París hasta los Mundiales, donde esta disciplina ha sostenido de forma reiterada el medallero nacional.
El dominio español en la marcha no es fruto de la casualidad, sino de un trabajo de base sostenido durante años que ha convertido a España en una de las grandes potencias mundiales de la especialidad. Nombres como los de María Pérez y Álvaro Martín han marcado una época, y la aparición de una nueva generación encabezada por McGrath garantiza el relevo. La jornada de Birmingham, con su doblete dorado y su pleno de medallas, es la última prueba de que la marcha se ha ganado a pulso el papel de motor de un atletismo español que, sin ella, tendría un brillo mucho más apagado en las grandes competiciones.






