El presidente de Irak, Nizar Amedi, confirmó este sábado que Irán está concediendo facilidades a las exportaciones de petróleo iraquí a través del estrecho de Ormuz, una vía crucial para el sostenimiento de la economía del país. Durante su intervención en la octava Conferencia de Diálogo de Bagdad, el mandatario ratificó lo que la agencia oficial iraní IRNA había avanzado horas antes: Teherán ha dado permiso para que varios petroleros iraquíes atraviesen el estrecho, aunque no precisó ni el momento ni el número de buques que ya han pasado o tienen previsto hacerlo.
El permiso llega tras una intensa gestión diplomática entre ambos países. La concesión se oficializó después de la visita a Bagdad, iniciada el miércoles, del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, un encuentro en el que el tránsito de embarcaciones con crudo iraquí fue uno de los ejes centrales de las conversaciones. Amedi confirmó que el acuerdo ya ha comenzado a aplicarse y que Irán ha facilitado en los últimos días el paso de buques con petróleo iraquí, en un gesto dirigido a aliviar la asfixia económica de uno de los países más perjudicados por el cierre de la estratégica vía marítima.
La medida se enmarca en una política selectiva de Teherán hacia sus aliados. Ya en abril, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, había avanzado que su país haría todo lo posible por facilitar el paso de cargueros de naciones con las que mantiene buena relación, como China, Pakistán o la propia Irak, en medio de la parálisis que sufre el estrecho. Esa lógica confirma que el control de Ormuz se ha convertido en una herramienta geopolítica en manos de Irán, que abre o cierra la llave según sus intereses y sus alianzas, mientras Estados Unidos mantiene un cierre perimetral sobre la zona con un despliegue naval.
El impacto de la crisis sobre Irak ha sido demoledor. Antes de la guerra iniciada con el ataque estadounidense e israelí contra Irán a finales de febrero, el país producía unos cuatro millones de barriles diarios y exportaba una media de 105 millones de barriles al mes, principalmente desde Basora, en el sur, a través de Ormuz. El estrecho es vital para su economía, ya que las ventas de crudo representan cerca del 90 % de los ingresos del Gobierno iraquí. La interrupción del tráfico obligó a Bagdad a buscar alternativas, con la aprobación de mecanismos para exportar por múltiples canales y rutas a través de Turquía, Siria y Jordania para sostener sus despachos energéticos.
Pese a la autorización, conviene no exagerar su alcance, porque no supone una normalización. El paso de los petroleros iraquíes aporta un margen de maniobra a Bagdad, pero el movimiento general de embarcaciones por Ormuz continúa sensiblemente por debajo de los niveles previos al conflicto. La excepción concedida a Irak beneficia a una flota determinada, no al conjunto del tráfico, y se produce en un momento de máxima tensión, con Estados Unidos endureciendo su presión sobre Teherán, amenazas cruzadas y las negociaciones estancadas. El episodio ilustra hasta qué punto el pulso por Ormuz condiciona la estabilidad energética de toda la región y, con ella, unos precios del petróleo que se dejan sentir también en los mercados europeos.






