viernes, 24 julio,2026

Gracias Nolan, necesitamos Homero

La película reciente de Nolan sobre Odiseo ha reactivado algo que creíamos sopito y superado, archivado: la fuerza emocional, ética y política de los relatos que moldearon la imaginación mediterránea y que aún hoy funcionan como un espacio de revelación humana.  Quien creció leyendo a Homero, Virgilio o los liricos griegos o a Sófocles, Esquilo y Eurípides, aprendió que la complejidad y contradicciones conviven sin cancelarse, sin juzgar. Esa educación no produjo distancia ni superioridad, vivimos en una empatía radical que permitió habitar la pluralidad interior sin miedo. En las aulas todos fuimos Didone llorando el abandono de Enea, todos fuimos Safo escribiendo amor todos fuimos Aquiles clamando venganza por Patroclo y al mismo tiempo Héctor defendiendo su ciudad con la serenidad de quien sabe que la muerte ya lo ha elegido. Todo fuimos Antígona enfrentando una ley injusta, Edipo descubriendo que el destino es también una forma de conocimiento, Oreste atrapado entre culpa y mandato. Y por supuesto, todo fuimos Ulises desafiando a los dioses y Enea cargando sobre los hombros la responsabilidad de fundar una nueva ciudad. Esa multiplicidad de voces dentro de uno mismo es la verdadera escuela de ciudadanía: aprender a sostener posiciones opuesta, comprender que el otro no es un enemigo sino una versión posible de si mismo. Un tiempo éramos así y fuimos capaz de ser mejor. La generación que hoy busca sentido no reclama héroe invencible, sino figuras capaces de sentir y pensar simultáneamente. Nos quitaron El Mito. Descubríamos y non enterábamos de que emoción y razonamiento no son polos enfrentados, son materia común de identificación.  Ahora no dan enseñanza con emoticón para expresarnos. ¿Quién quitó la enseñanza clásica a los niños? Los personajes del mito funcionan porque son espejo de experiencias vitales: el abandono, la perdida, la lealtad, la duda, la responsabilidad, la tentación, la caída y la reconstrucción. Ulises pregunta, en la película de Nolan, porque los dioses no hablan claro, y Atenea contesta acaso hay alguno que no conoce el dolor? La actual sociedad acelerada, donde la inmediatez suplanta la reflexión, pero siempre fue así, simplemente ante no se archivaba los relatos que estos relatos impones. Los mitos griegos latinos obligan a detenerse, a escuchar, a mirar hacia dentro. la cultura griego latina es un sistema de entrenamiento emocional político que enseña que la vida humana es trágica y luminosa, que la libertad exige conflicto, que la justicia nunca es simple, que el amor puede ser fuerza creadora o destructiva, que el destino non es condena sino pregunta. En tiempo de polarización, donde la identidad se reduce a etiquetas y la conversación publica se empobrece, volver al mito es recuperar la capacidad de convivir con la complejidad. Esos relatos ofrecen herramientas para pensar el presente. En cada época. Quizá la salida de esta sociedad liquida, como definió Bauman, no esté en nuevas tecnologías ni en discurso de urgencia, está en la vieja sabiduría que ensenaba a mirar el mundo con profundidad. La empatía que nace del mito no es sentimentalismo: es una forma de resistencia cultural. Cuando recordamos que fuimos Didone, Safo, Aquiles, Héctor, Antígona, Medea, Jasón, Ulises y Enea, descubrimos que también podemos ser ciudadanos capaces de sostener la diferencia, de escuchar el dolor ajeno, de construir sentido común. En estos días, mientras las pantallas se llenan de historias de Ulises y otros héroes antiguos, surge una intuición difícil de ignorar: quizá esta euforia es síntoma de una sociedad que busca algo que ha perdido y no sea solo entretenimiento. No puede sorprender que el mito reaparezca, quien quiera una visión del mundo debe ir al cine. Allí la sociedad proyecta sus grandes imagines, su deseo y sus miedos. Y precisamente ahí Ulises vuelve a caminar porque lo han cancelado de la escuela. Cada civilización nace de un mito que marca su horizonte. La sociedad liquida como señaló Bauman ha debilitado las ideas y erosionado la madurez colectiva. Por eso el mito retorna, es la estructura profunda que sostiene la civilización, la mente heroica que orienta cuanto todo se desmorona la madurez es el punto mas alto de la trayectoria humana y solo cuando se reconoce que somos enano sobre los hombres de gigantes se entiende que sin tradición la visión se pierde. El progreso no ha comprendido que recae sobre la humanidad y si esta no es madura, e progreso se vacía. Debemos reconocer que mientre la ideología uniforma el pensamiento el mito lo despierta. Por eso, gracias Nolan: las salas estaban llenas de jóvenes deseosos de comprender y de ir más allá. Hambreados de conocimiento que las escuelas hace tiempo dejó de ofrecer.

Giovanna Lenti
Giovanna Lenti
Se graduó en filosofía en la Universidad de Estudios de Siena con una tesis sobre "Carl Schmitt, la guerra, el enemigo, el derecho internacional", nombrada doctora en historia de la filosofía política tiene artículos publicados en la revista italiana de psicología e historia militar sobre el dualismo amigo/enemigo y la guerra justa. Desde 2015 colabora con la Fundación de Historia de la Ciencia de La Orotava en Tenerife, publicando para la fundación ensayos sobre Aristóteles, Carl Schmitt, Pablo de Tarso, Ortega y Gasset y Cristóbal Colón. En lengua italiana ha publicado para Aracne "Pablo de Tarso: el origen político del cristianismo" y varios artículos para OIKOS sobre el nacionalismo catalán y los vientos patrióticos europeos. desde el 2020 colaboradora del periódico italiano Leggo Tenerife, desde 2021 es colaboradora fija y comentarista del programa radiofónico de actualidad política "La tertulia de los miércoles" en Tenerife; ha publicado en el 2023 para La Bussola, Destino político in Machiavelli e Ortega y Gasset.
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