Durante décadas, acceder a una vivienda fue uno de los grandes objetivos de las familias. Hoy, en Canarias, muchas personas con empleo estable y capacidad de ahorro sienten que ese objetivo se aleja.
El mercado ha cambiado. La combinación de una oferta limitada, el incremento de la demanda, el aumento de los costes de construcción y el atractivo internacional del Archipiélago ha creado un escenario mucho más competitivo.
El problema no puede resumirse en una sola causa. También influyen el envejecimiento del parque inmobiliario, la lentitud de algunos desarrollos urbanísticos y la necesidad de rehabilitar miles de viviendas para devolverlas al mercado.
Mientras tanto, los compradores comparan más que nunca. Buscan eficiencia energética, buena ubicación, servicios próximos y calidad de vida. Esa mayor exigencia concentra el interés en determinadas zonas y aumenta la presión sobre los precios.
Muchos propietarios retrasan la venta esperando una mejor oportunidad, mientras otros aplazan reformas que permitirían poner sus inmuebles en el mercado. Todo ello reduce la oferta disponible.
El resultado es que numerosas familias descubren que pueden asumir una hipoteca, pero no encuentran una vivienda que responda a sus necesidades sin superar su presupuesto.
Lejos de buscar culpables, el momento invita a reflexionar sobre las soluciones: impulsar vivienda asequible, favorecer la rehabilitación, agilizar los procedimientos y planificar un crecimiento equilibrado.
Canarias continúa siendo un lugar extraordinario para vivir. El desafío consiste en conseguir que siga siéndolo también para quienes han nacido aquí y desean desarrollar su proyecto de vida sin abandonar su tierra.
Hablar de vivienda es hablar de futuro. Porque cuando una sociedad garantiza el acceso a un hogar, también fortalece su estabilidad, su economía y su cohesión social.






