El comunicado, suscrito por los gobiernos del Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón, denuncia en los términos más enérgicos los ataques ejecutados por fuerzas iraníes contra buques comerciales desarmados e infraestructuras civiles estratégicas, incluidas instalaciones de gas y petróleo.
El texto conjunto califica las acciones de Irán como un cierre de facto de una de las vías marítimas más importantes para el comercio energético mundial. Los firmantes exigen el cese inmediato de las hostilidades y la reapertura del tránsito marítimo, advirtiendo de las graves consecuencias que la interrupción del flujo de crudo está teniendo ya en la economía global tras el inicio de los enfrentamientos el pasado 28 de febrero.
Fuentes diplomáticas consultadas señalan que la decisión de Madrid de no adherirse al manifiesto responde a una voluntad de mantener una posición propia dentro del marco de la Unión Europea, evitando alinearse con bloques que puedan endurecer la escalada bélica. No obstante, la exclusión de España de este grupo de aliados cercanos genera un contraste directo con la posición de sus socios europeos más inmediatos, como París, Berlín o Roma, que han optado por una condena explícita y unificada ante la parálisis del estrecho.
El escenario en el golfo Pérsico sigue siendo de extrema volatilidad, con el precio del petróleo al alza y la comunidad internacional dividida sobre el nivel de respuesta necesario ante la estrategia de presión ejercida por Teherán sobre las rutas de navegación internacional.







