domingo, 19 julio,2026

España a la puerta del revisionismo histórico

España parece estar entrando en un territorio que durante décadas evitó: el de un revisionismo histórico capaz de mirar el pasado sin pedirle que confirme ideologías presentes. Podría tratarse de un movimiento tampoco plenamente consciente, pero hay señales de una trasformación perceptible en la atmosfera intelectual del país. La historiografía más reciente está mostrando que muchas figuras no encajan en los moldes que la política posterior les asignó. Antonio Machado, por ejemplo, fue convertido en un icono del antifascismo, pero se omitió durante muchos tiempos su crítica al sectarismo, su incomodidad con la violencia revolucionaria y su visión más matizada de España. Lo mismo ocurrió con Manuel Azaña, cuya trayectoria fue simplificada para sostener identidades políticas contemporáneas. Pero cuando aparecen documentos, cartas o testimonio que contradicen el mito, la figura real emerge con más matices, más contradicciones y más humanidad. Esa incomodidad es saludable porqué significa que la historia está recuperando su autonomía frente al relato. Con el revisionismo histórico crece la incomodidad antes los relatos heredados, se debilita la confianza en las narrativas políticas que durante años funcionaron como certezas morales y emerge la sospecha de que la memoria, tal como se ha utilizado, ya no basta para sostener una comprensión madura de la historia. El revisionismo, lejos de ser negación o revancha es, en su sentido más profundo, un acto filosófico, es la decisión de preguntar por la verdad cuando el relato se ha convertido en costumbre. Ese proceso en España comenzó a insinuarse cuando autores como Pio Moa obligaron a sectores amplios a reconocer que la Segunda República y la guerra civil contenían zona de sombra que el relato oficial había dejado fuera. No fue revisionismo académico, pero si un primer golpe al silencio. Más tarde la apertura progresiva de archivos permitió que historiadores de distintas sensibilidades accedieron a documentos que durante décadas habían permanecido ocultos o infrautilizados. La historia lentamente empezaba a recupera su autonomía frente la memoria política. Uno de los puntos más controvertido de la experiencia de revisionismo ha sido la exhumación de Franco. Durante años el Valle de los Caído funcionó como barrera el pasado reciente y podía seguir siendo un territorio congelado. Una vez retirado Franco de allí España quedó expuesta a una pregunta profunda: ¿qué hacemos con la historia cuando no se puede esconder bajo la piedra? El gesto abrió un espacio inesperado donde la verdad documental empezó a reclamar su lugar frente al relato identitario y donde la confusión entre memoria histórica y memoria democrática se hizo evidente. La memoria, convertida en herramienta política, ha dejado de ser un puente hacia la verdad y se ha trasformado en inmediata legitimación. Y hoy el caso de clara Campoamor es emblemático. Fue convertida en un icono útil para una genealogía política que necesitabas símbolos incuestionables. Pero la publicación de las cartas y la revisión de su trayectoria han devuelto una Campoamor con dignidad de mujer liberal, independiente, incomoda por supuesto para todos los bandos, defendió el sufragio femenino desde una ética propia y no desde la obediencia partidista. Su figura liberada del mito, ha recuperado la verdad que la política del “o conmigo o contra mí” le había negado. La esencia del revisionismo histórico es precisamente devolver la complejidad del pensamiento de los personajes más influyente que ha sido simplificado y reducido a símbolos para sostener relatos de utilidad coyuntural. España no está sola en este proceso revisionista. Llega tarde respecto a naciones como Francia y Italia, pero está en camino y puede tomar ejemplo. En Italia el revisionismo serio comenzó con la publicación de los cuadernos completos de Antonio Gramsci, que mostraron un pensador mucho más complejo que el santo laico construido por el Partido Comunista Italiano. Pero el verdadero terremoto llegó con Giampaolo Pansa y su Il sangue dei vinti, un libro que narró la violencia cometida para los partisanos al final de la guerra. Pansa no negó el fascismo ni la resistencia, simplemente mostró que la historia real no cabía en el catecismo moral trasmitido durante décadas. Su obra abrió una grieta en la conciencia publica italiana y obligó al país a mirar su pasado sin filtros, con todas sus sombras. Ese proceso, doloroso pero liberador, permitió a Italia alcanzar una forma de paz civil basada en la renuncia a utilizar el pasado como arma oportunista. España podría recorrer el mismo camino. Los archivos están abiertos, los documentos inéditos afloran, los historiadores parecen dispuestos a cuestionar relatos heredados y las figuras históricas emergen con nuevos matices que obligan a rescribir genealogías políticas. Además, la ciudadanía es cada vez más cociente de que el pasado no puede seguir siendo un campo de batalla simbólico. Sin embargo, España arrastra obstáculos que ni Francia ni tialina tuvieron: una política que aun prefiere el relato al análisis, una opinión publica todavía movida por reflejo identitarios y una memoria democrática que corre el riesgo de convertirse en dogma. El actual gobierno de España parece no estar preparado para asumir un proceso de revisión honesta, porque ha convertido la memoria en instrumento de legitimación inmediata, no es un espacio de búsqueda de verdad. Su aproximación es reactiva, emocional, orientada a consolidar identidades presentes más que a comprender la complejidad del pasado. Un gobierno que utiliza la memoria como herramienta de poder no puede liderar un proceso que exige renunciar al relato para abrazar la verdad. El revisionismo exige intelectuales valientes y ellos la serenidad política de no sufrir represalias.  Y eso es vivir una plena madurez democrática.

Giovanna Lenti
Giovanna Lenti
Se graduó en filosofía en la Universidad de Estudios de Siena con una tesis sobre "Carl Schmitt, la guerra, el enemigo, el derecho internacional", nombrada doctora en historia de la filosofía política tiene artículos publicados en la revista italiana de psicología e historia militar sobre el dualismo amigo/enemigo y la guerra justa. Desde 2015 colabora con la Fundación de Historia de la Ciencia de La Orotava en Tenerife, publicando para la fundación ensayos sobre Aristóteles, Carl Schmitt, Pablo de Tarso, Ortega y Gasset y Cristóbal Colón. En lengua italiana ha publicado para Aracne "Pablo de Tarso: el origen político del cristianismo" y varios artículos para OIKOS sobre el nacionalismo catalán y los vientos patrióticos europeos. desde el 2020 colaboradora del periódico italiano Leggo Tenerife, desde 2021 es colaboradora fija y comentarista del programa radiofónico de actualidad política "La tertulia de los miércoles" en Tenerife; ha publicado en el 2023 para La Bussola, Destino político in Machiavelli e Ortega y Gasset.
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