- Publicidad -
Cajasiete
sábado, 28 marzo,2026

El tango vuelve. Y no es nostalgia: es rebeldía con traje oscuro

En Tenerife están pasando cosas curiosas. No salen en los telediarios ni en las notas de prensa institucionales con foto de político sonriendo, pero están ocurriendo. Y una de ellas tiene banda sonora de bandoneón.

El tango está volviendo.

Sí, ese baile que muchos asociaban a señores con gomina y a películas en blanco y negro, ahora lo están bailando chavales que luego se toman una cerveza artesanal o suben un reel. Y no, no es postureo. Es otra cosa.

Es reacción.

Porque cuando todo es rápido, superficial y de usar y tirar —relaciones, música, contenido—, lo lento vuelve a tener valor. Y el tango es justo eso: pausa, tensión, mirada. No se baila para enseñar, se baila para sentir. Y eso, en 2026, es casi revolucionario.

Aquí no hay coreografías de TikTok ni saltitos para ganar likes. Aquí hay abrazo. Hay silencio incómodo. Hay conexión real. Y eso, para una generación que vive pegada a una pantalla, es casi terapia.

Y ojo, que esto no es un fenómeno aislado de cuatro románticos. Está pasando en muchas ciudades. Y en Tenerife, también.

Empiezan a surgir espacios, talleres y propuestas que no buscan llenar un local, sino crear comunidad. Gente joven que se apunta no porque “esté de moda”, sino porque quiere aprender algo que exige tiempo, presencia y respeto. Tres cosas que escasean.

Y claro, dentro de ese pequeño ecosistema que está creciendo, empiezan a aparecer iniciativas interesantes. Algunas más improvisadas, otras bastante bien montadas. De esas que, sin hacer mucho ruido, están construyendo algo sólido.

Por ejemplo, hay propuestas como ese laboratorio de tango que está moviéndose estos días por la isla —con nombres que empiezan a sonar entre los que están dentro del mundillo— donde no solo te enseñan pasos, sino que te explican cómo funciona el abrazo, la comunicación y el movimiento.

No vamos a hacer publicidad (faltaría más), pero cuando ves que se organizan seminarios, clases técnicas y encuentros con gente que sabe lo que hace, entiendes que esto no es una moda pasajera. Es una escena que está naciendo.

Y como todas las escenas que nacen de verdad, no pide permiso.

El tango, al final, no es antiguo. Es eterno. Lo que pasa es que lo habíamos dejado en un cajón, como tantas cosas bien hechas.

Ahora alguien lo ha abierto. Y los jóvenes —que no son tontos, aunque a veces lo parezca— lo están redescubriendo.

Porque quizá, después de tanto ruido, lo que apetece es exactamente eso: mirar a alguien a los ojos…y no tener prisa.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

LECTOR AL HABLA