El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó este martes a Moscú en una visita no anunciada para mantener una serie de reuniones con responsables rusos cuyo contenido se desconoce, según informaron varios medios estadounidenses. Sería la primera visita de Ratcliffe a Rusia desde que asumió el cargo a comienzos de 2025, y una de las escasísimas de un jefe del espionaje estadounidense al país. La CIA y la Casa Blanca declinaron hacer comentarios, y ni Washington ni Moscú confirmaron oficialmente la presencia del director, que fue adelantada por la cadena CBS News.
Datos públicos de seguimiento de vuelos detectaron el aterrizaje de un avión de transporte del Ejército estadounidense en el aeropuerto moscovita de Vnúkovo, procedente de Riga, la capital de Letonia, adonde había llegado desde la base Andrews, cerca de Washington. El aparato de Ratcliffe fue visto abandonando Moscú en torno al mediodía. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró no disponer de información sobre la aeronave, en línea con el hermetismo que rodeó toda la operación.
El detalle más revelador de la visita es la petición que Washington trasladó a Kiev. Según varios medios, la Administración de Donald Trump pidió la semana pasada a Ucrania que se abstuviera de atacar Moscú, San Petersburgo y las regiones del norte de Rusia con sus drones y misiles de largo alcance durante el lunes, el martes y el miércoles de esta semana, coincidiendo con el desplazamiento de un alto cargo estadounidense a territorio ruso. A los ucranianos se les informó de que un responsable de primer nivel viajaría a Rusia, lo que sugiere que la seguridad del propio Ratcliffe pudo estar detrás de esa solicitud.
Los contactos mediados por Estados Unidos para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania, que entra en su quinto año, se encuentran bloqueados, lo que otorga a este viaje una relevancia especial. Ratcliffe ha mantenido contactos con sus homólogos de la inteligencia rusa y ya participó en negociaciones con Moscú, entre ellas las que condujeron en abril de 2025 a la liberación de la ciudadana ruso-estadounidense Ksenia Karelina. El canal de los servicios de inteligencia se ha revelado en los últimos años como una vía discreta para tratar asuntos sensibles entre ambas potencias cuando la diplomacia formal se atasca.
El último director de la CIA que viajó a Moscú fue William Burns, en noviembre de 2021, apenas unos meses antes de que Rusia lanzara su invasión a gran escala de Ucrania; en aquella ocasión, Burns acudió precisamente para advertir a Vladímir Putin contra el ataque. El paralelismo no augura necesariamente un desenlace similar, pero subraya el peso simbólico de que el máximo responsable del espionaje estadounidense se desplace en persona a la capital rusa. Ratcliffe, un hombre de máxima confianza de Trump que este año ya protagonizó viajes discretos a Venezuela y Cuba, se ha consolidado como una pieza clave de la diplomacia paralela de la Casa Blanca, y su presencia en Moscú apunta a un intento de desbloquear, por la vía de los servicios secretos, un proceso de paz que la diplomacia convencional no logra encauzar.






