El viernes me puse muy contento cuando vino a verme María Petit al pico. La vi guerrera, luchadora, constante y simpática, bien acompañada de los pichones y, como siempre, gracias al enorme ímpetu de Marcos Guardia y sus patrocinadores, gente dada, entregada a la causa y con más humor que el amigo Donald, quien con su estrategia nos lleva a un agosto como mínimo curioso, y qué decir de aquí a final de año: quizás estemos en la antesala de los Juegos del Hambre.
Mantiene su estrategia clara, dando información positiva para que salgan a bolsa empresas de amigos como SpaceX, que ya cotiza por debajo de su valor de colocación, y tratará de hacer lo mismo con las elecciones de medio término en octubre y alguna salida a bolsa en dichos meses, pero que serán meramente un espejismo dentro de un proceso históricamente mal llamado «hostias como panes».
Cuando ves la cotización de los bonos alemán y español en máximos de quince años prácticamente, y los americanos alcanzando niveles del 5 %, comienzas a vislumbrar que viene inflación, que hay problemas de deuda y que el euríbor, entre otros, va detrás de dichas subidas a buscar quizás sus últimos máximos tras el inicio de la guerra de Ucrania.
La gente duerme, muchos ahora cerca de mí, en el Refugio, aunque hay más de uno cuyo ronquido no descarto que sea el culpable de los últimos movimientos sísmicos. El público desconoce que el gas ha llegado a sus máximos históricos y que el petróleo Brent también marca máximos, no así el Texas; pero vamos encaminados a un racionamiento de la gasolina —ya no exporta Rusia— y de algunos suministros, y nos tienen entretenidos con Ferran Torres y los taladores argentinos (especialistas en cortar piernas), aunque pronto vendrán las hostias como panes, el susto, la etiqueta de la crisis, la justificación a una nueva situación convulsa; y noto en el ambiente mucha ambigüedad. Pocos saben que no solo se ha cortado el estrecho de Ormuz, sino que además se ha cortado la salida del petróleo a Asia por el mar Rojo dados los ataques de los hutíes a Arabia Saudí, tratando de trasladar algo de petróleo por el canal de Suez, el cual no tiene capacidad para grandes buques, lo que genera un cuello de botella incalculable.
Esta crisis debe ser distinta; de hecho, si llega petróleo será mínimo, aunque EE. UU. suple sus carencias con el venezolano, pero el resto del mundo está encaminado a sufrir. Y si estalla la nueva crisis, Donald no quiere que sea por algo que afecte a su país —un 11-S, un Lehman Brothers u otro—; quizás busque que comience en Asia: un bono que impague, un banco central en problemas graves (Japón). En general, Donald no quiere que nos acordemos de él cuando haya problemas, o por lo menos que su gente no se lo eche en cara.
Por lo demás, me preparo en mi cueva, veo el volcán del medio algo cabreado, almaceno ideas, veo subir los mercados hasta máximos históricos, entiendo según experiencia que debería haber un latigazo a la baja y una subida nueva de cara a las elecciones de EE. UU. en octubre, y, a partir de ahí, HOSTIAS COMO PANES.






