lunes, 3 agosto,2026

Ceuta no fue una avalancha. Fue un aviso

Estaba ahí, a pocos metros de la Casa Blanca, y no hablaba de vallas ni de cayucos. Hablaba de nosotros.

El vídeo que circula desde Washington no es una noticia oficial. Es algo más peligroso: es el relato de cómo nos ven cuando creen que no les escuchamos. Según esa crónica – con nombres, comunicados y reuniones de gabinete que aún no tienen reflejo público oficial – la respuesta preparada en el Ala Oeste ante la entrada de cerca de 49.000 personas en Ceuta no fue culpar a Rabat. Fue culpar a Madrid.

A Pedro Sánchez. A sus políticas «globalistas». A España como coladero de Europa.

Si eso se confirma, es gravísimo. Si es solo un globo sonda, también.

Porque explica todo lo demás. Explica que mientras aquí contábamos muertos en el agua y desplegábamos al Ejército para ayudar a la Guardia Civil, en Washington ya tenían el clip perfecto para las elecciones de medio mandato de Estados Unidos: «Esto es lo que no queremos ser. Esto es lo que pasa si vuelve Biden». Ceuta convertida en spot electoral de Trump.

Y explica, sobre todo, la impunidad marroquí.

Marruecos no necesita empujar a nadie. Le basta con mirar hacia otro lado. Y mira hacia otro lado cuando sabe que el árbitro mira hacia otro lado también. ¿Por qué iba a hacerlo ahora? Porque el mismo día de la avalancha, el secretario de Estado Marco Rubio felicitaba a Mohamed VI por el Día del Trono. Porque Gianni Infantino brinda en Rabat mientras se negocia dónde va la final del Mundial. Porque hay una carretera en el Sáhara que se llama Donald Trump y eso, a Trump, le encanta.

Nos hemos acostumbrado a perder sin darnos cuenta. Perdimos el relato del Sáhara en 2020, cuando Trump reconoció la soberanía marroquí a cambio de los Acuerdos de Abraham sin ni siquiera llamar a La Moncloa. Perdimos Algeciras frente a Tánger como puerto estratégico de EEUU. Y ahora nos quieren meter en la mesa de debate algo que hasta hace dos días era impensable: la soberanía de Ceuta y Melilla.

No es política oficial de Estados Unidos. Es un informe de la Comisión de Apropiaciones de la Cámara, en abril. Pero los informes se escriben para que algún día sean política oficial. Y que un Congreso con mayoría republicana se atreva a poner negro sobre blanco que hay que «abrir el debate» sobre dos ciudades españolas desde el siglo XV debería haber provocado un terremoto en Madrid. No ha provocado ni una comparecencia.

Y aquí viene lo más incómodo del vídeo. La parte que el autor no se atreve a cerrar: ¿qué poder tiene Marruecos sobre el Gobierno de España para que la reacción oficial sea hablar de «mafias» y definir a Rabat como «un aliado», mientras nos entran 50.000 personas en 24 horas?

Sánchez viajó a Ceuta y habló, con razón, de «violación de la integridad territorial». Tiene razón. Lo que no explicó es por qué esa violación no tiene autor.

Estados Unidos no va a ser, como dijo Rubio en Múnich, un espectador alegre de una Europa sin fronteras. Va a elegir. Y en la disputa entre un socio que invierte miles de millones en lobby, puertos, fútbol y carreteras con su nombre, y un aliado de la OTAN que duda de sí mismo, ya ha elegido.

Ceuta no fue solo una crisis migratoria. Fue una foto de nuestra soledad.

Y esa foto, me temo, ya está enmarcada en el Despacho Oval.

Víctor Aranaz
Víctor Aranaz
Director de un estudio de diseño en Tenerife. Curioso por naturaleza y siempre dispuesto a aprender, ha desarrollado su carrera entre el diseño y la gestión de proyectos. Fiel a su lema: "aprendiz de todo, maestro de nada".
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LECTOR AL HABLA