Hay momentos que no necesitan explicación. Este es uno de ellos. España es campeona del mundo por segunda vez en su historia y lo ha conseguido de la única manera que merece hacerse: jugando mejor que todos, sin trampa ni cartón, durante un mes entero en el torneo más exigente de la historia del fútbol.
Esta selección merecía esto y más. Un grupo de jugadores jóvenes, inteligentes, con una identidad de juego clarísima y una capacidad de sufrimiento que se vio en cada eliminatoria. Cuando las cosas se pusieron feas, apareció alguien. Cuando el rival resistía, el equipo encontraba la manera. Así se ganan los Mundiales.
Luis de la Fuente ha construido algo que va más allá del resultado de hoy. Ha devuelto a la selección española la confianza en sí misma, el orgullo de un estilo propio y la certeza de que este grupo no ha llegado a su techo. Lamine Yamal cumplió 19 años el pasado 13 de julio, el mismo día que España eliminó a Francia en semifinales. Con 19 años recién cumplidos, Lamine Yamal ya tiene una medalla de campeón del mundo. El fútbol español tiene futuro para rato.
Es difícil no emocionarse. Muchos de quienes vivieron Sudáfrica 2010 con aquella generación irrepetible de Iniesta, Xavi y Villa pensaban que tardaríamos mucho en volver a sentir algo así. Han pasado dieciséis años y estamos aquí otra vez, con los mismos colores y una generación nueva que ya tiene su propia historia.
España no ganó este Mundial por casualidad. Lo ganó porque fue el mejor equipo durante ocho partidos consecutivos, eliminando uno a uno a todos los rivales que se pusieron por delante.
Enhorabuena, selección. Enhorabuena, España.






