Andy Burnham confirmó este lunes que se presentará para suceder a Keir Starmer como líder del Partido Laborista y próximo primer ministro del Reino Unido. El anuncio llegó pocas horas después de que Starmer compareciera ante Downing Street para comunicar su dimisión, y se produjo de la forma más sobria posible: un mensaje en X mientras Burnham viajaba en tren hacia Westminster para tomar posesión de su escaño por la circunscripción de Makerfield, ganada el viernes pasado.
«La decisión de Starmer marca el inicio de una transición, y es importante que este proceso se lleve a cabo de forma ordenada y responsable. Yo me presentaré como parte de este proceso», escribió Burnham, que añadió que Starmer ha prestado «un enorme servicio» al país durante «un periodo tan difícil». El exalcalde del Gran Mánchester aseguró contar ya con los avales necesarios para formalizar su candidatura.
Wes Streeting, exministro de Sanidad que había dimitido del gabinete hace semanas en desacuerdo con la dirección de Starmer y que se perfilaba como posible rival, anunció que apoya a Burnham y no se presentará. El proceso de sucesión abrirá el periodo de candidaturas el 9 de julio y deberá quedar resuelto antes de que el Parlamento reanude su actividad en septiembre. Si finalmente no hubiera más de un candidato, el resultado se daría por aclamación sin necesidad de consultar a la militancia.
Burnham, de 56 años y conocido como el Rey del Norte por su larga etapa al frente del Gran Mánchester, llega a este momento con un perfil muy distinto al de Starmer. Defiende la descentralización del poder fuera de Londres, la nacionalización de industrias estratégicas y una eventual vuelta del Reino Unido a la Unión Europea, una década después del Brexit. En Mánchester impulsó la recuperación del control público de los autobuses e intentó resistir las restricciones de la pandemia impuestas por Boris Johnson, lo que le granjeó una popularidad que trasciende su propio partido.
No es la primera vez que aspira al liderazgo laborista. Lo intentó en 2010, cuando perdió ante Ed Miliband, y en 2015, cuando fue derrotado por Jeremy Corbyn. Esta vez, el camino parece despejado, aunque sus detractores ya advierten de que gobernar un país de 70 millones de habitantes es algo cualitativamente distinto a gestionar una región metropolitana de tres millones.






