Un mes después del inicio de la guerra en Oriente Medio, la Comisión Europea ha cambiado el discurso. Ya no habla solo de que la seguridad del suministro está garantizada. Este martes, tras una reunión extraordinaria de ministros de Energía por videoconferencia, el comisario del ramo, Dan Jørgensen, fue directo: «Nos enfrentamos a una situación muy seria. No hay que hacerse ilusiones de que será corta, porque no lo será.»
El encarecimiento de las importaciones de hidrocarburos ha costado a la Unión Europea 14.000 millones de euros adicionales desde que comenzó el conflicto el 28 de febrero. El gas ha subido un 70% y el petróleo un 60% en ese periodo. La presión más inmediata se concentra en el diésel y el queroseno, los combustibles que más tensión están soportando por el cierre del estrecho de Ormuz, por el que transita alrededor de una cuarta parte del petróleo mundial.
Ante ese escenario, Bruselas ha enviado una carta a los ministros de Energía de los Veintisiete instándoles a preparar medidas voluntarias de ahorro. Las propuestas que se barajan apuntan directamente al sector del transporte: reducir los viajes en coche y en avión, bajar los límites de velocidad en autopistas al menos diez kilómetros por hora, fomentar el transporte público y extender el teletrabajo. No son obligaciones, sino recomendaciones, pero el tono de Bruselas ha cambiado de forma apreciable respecto a comunicaciones anteriores.
Además de pedir que se reduzca la demanda, la Comisión ha pedido a los países que mantengan sus refinerías a pleno funcionamiento y que aplacen cualquier mantenimiento no urgente. También pide aumentar el uso de biocarburantes como alternativa parcial. Y, en una advertencia que apunta directamente a España, Jørgensen ha expresado reservas ante las rebajas fiscales a los combustibles aprobadas por algunos gobiernos. «Entiendo que los países tienen diferentes circunstancias y que deben ayudar a los grupos más vulnerables», dijo el comisario, «pero como estamos en una situación que puede empeorar y en la que es necesaria una reducción de la demanda, animo a los Estados miembros a tenerlo en cuenta.» El decreto anticrisis español incluye una rebaja del IVA de los combustibles del 21% al 10%.
El comisario añadió que aunque mañana mismo llegara la paz, la infraestructura energética en Oriente Medio ha sufrido daños suficientes como para que no se pueda hablar de retorno a la normalidad en un futuro cercano. Una fuente del sector de la aviación europea fue aún más concreta: «Si esto sigue así, en verano estaremos todos en apuros y la cancelación de vuelos será la única salida.»
La UE sostiene que está técnicamente preparada para afrontar la crisis, con reservas de emergencia de más de 400 millones de barriles coordinadas con la Agencia Internacional de la Energía. Pero el mensaje del martes deja claro que esa preparación no es garantía de que los ciudadanos no vayan a notar más y más duramente el impacto en sus facturas y en su movilidad.







