La Comisión Europea ha defendido este lunes que el aire acondicionado resulta «necesario» en múltiples situaciones para garantizar condiciones adecuadas de trabajo y descanso durante episodios de calor extremo, aunque ha abierto la puerta a que su papel frente al cambio climático acabe siendo objeto de debate «a nivel político». La portavoz comunitaria para asuntos climáticos, Anna-Kaisa Itkonen, fue explícita: «No tenemos realmente una posición a favor o en contra del aire acondicionado, pero abordamos esta cuestión como un ámbito de actuación relacionado con la renovación y la eficiencia energética de los edificios y las viviendas, así como parte de nuestra estrategia de vivienda».
El debate ha emergido con fuerza tras una ola de calor sin precedentes. La Organización Mundial de la Salud ha informado de que más de 1.300 personas han fallecido en Europa desde el 21 de junio por causas relacionadas con las altas temperaturas, y ha advertido de que el continente se está calentando a un ritmo que duplica la media global. Itkonen subrayó que buena parte del parque de vivienda europeo es antiguo y que la mayoría de los edificios residenciales y pisos de la Unión no cuentan tradicionalmente con sistemas de refrigeración.
La portavoz principal del Ejecutivo comunitario, Paula Pinho, vinculó directamente el episodio de calor extremo con la necesidad de sostener las políticas climáticas europeas, al afirmar que la ola de calor «ha provocado víctimas mortales, tragedias y una pérdida de vidas, probablemente prematura, que nos recuerda la importancia de nuestra política climática, la transición energética y todas las políticas que hemos impulsado». La Comisión recordó además que la gestión de los impactos sanitarios de las olas de calor corresponde principalmente a los Estados miembros, aunque la UE dispone de herramientas de apoyo como el Mecanismo Europeo de Protección Civil.
La Comisión presentará el próximo mes un Plan de Acción para la Electrificación con nuevas medidas para electrificar los sistemas de calefacción y refrigeración del bloque, además de analizar el origen de la electricidad que alimenta esos dispositivos. «En última instancia, estas decisiones sobre si algo debe hacerse o no deben hacerse son obviamente una cuestión de competencias y corresponden a los Estados miembros», insistió Itkonen.
El debate sobre la climatización se cruza además con un calendario regulatorio ya en marcha que endurece, aunque no prohíbe de raíz, el uso de equipos de aire acondicionado. El Reglamento (UE) 2024/573 fija un calendario para eliminar progresivamente los hidrofluorocarbonos, los gases que enfrían tanto frigoríficos como sistemas de climatización, con el objetivo de que ningún HFC pueda comercializarse en la Unión a partir de 2050. Desde 2026 ya no podrán venderse frigoríficos y congeladores domésticos nuevos que funcionen con determinados gases fluorados, y arranca también el veto a recargar equipos de aire acondicionado y bombas de calor con gases de potencial de calentamiento muy alto, salvo que sean reciclados o regenerados. Los equipos ya instalados no tendrán que retirarse ni sustituirse, pero las recargas serán progresivamente más caras y difíciles de conseguir, lo que encarecerá el mantenimiento frente a la compra de equipos nuevos adaptados






