Uno dice que la luna es redonda y te llaman fascista. Los sanchistas hace tiempo que te adoctrinaron diciendo que es cuadrada y te callas. Agosto es ceutí, allí pasan cosas. Pero decirlas te convierte en disidente. Como en la película de la Vida de Brian, y es lo que estoy viviendo una película. Los votantes sanchistas están anestesiados, es que ¿no tienen ojos en la cara?
Vean Ceuta, se suben al espigón por miles, se salta la valla en oleadas de gente, y la reacción media es cambiar de canal, o que eso pasa muy lejos o que eso le pasa a otros. La política de fronteras del sanchismo es que no existe esa política y mucho menos fronteras. Y es que llegan para ayudarnos, ya que aquí no hay nadie que quiera trabajar, mientras pueda estar subvencionado o con una ayudita. El caso es que los que llegan también lo saben.
Quiero recordarles que la tasa de fecundidad en España ronda el 1,12 hijos por mujer, – no se si poner mujer se puede, pido disculpas por si acaso- la más baja desde que hay registro. La nómina de pensionistas supera los doscientos mil millones de euros al año. Traducido a la lengua del chiringuito es que cada vez menos gente produce y cada vez más gente cobra. Y como las cuentas no salen.
¿Y por dónde se sale de esta? Pues con la regla de estabilidad presupuestaria que no se aplica. Por ejemplo el Ingreso Mínimo Vital regulado tiene y debe seguir existiendo, pero con contraprestación efectiva, ya está bien de la sopa boba, pongamos: formación obligatoria y aceptación de empleo, como en Dinamarca, donde gobiernan socialdemócratas y no pasa nada. Pero en esta España se cobra sin más.
Los niños y niñas que no nacen. La receta no es un cheque bebé de trescientos euros y a otra cosa. Es tratar de una vez a la familia como sujeto fiscal de pleno derecho. La deducción por primer descendiente en el IRPF son hoy 2.400 euros -creo- cifra que no da ni para el carro de la compra de un mes. Súbase. Introdúzcase el cociente familiar como en Francia. Y déjense de pontificar.
Pero este agosto, además de la invasión, se habla de elecciones y es que la disolución anticipada de las Cortes se pensó, si mal no recuerdo, para desbloquear situaciones ingobernables, como en la que estamos inmersos. Y ahora mismo circulan tres quinielas por los mentideros de la calle Ferraz y según a que amigo socialista le pregunte me dicen una cosa u otra. La primera: adelanto electoral este noviembre o a la vuelta de Reyes, antes de las autonómicas y municipales de mayo. Es exactamente lo que reclaman los alcaldes socialistas: que el rechazo a la gestión del Gobierno central se lo coma después el vecino, no ellos, con lo que les ha costado el sillón. La segunda: superdomingo electoral, municipales, autonómicas y generales el mismo día, apuesta a doble o nada. La izquierda no la convocará, porque hoy no aguantaría tres urnas simultáneas y lo sabe. La tercera: dejar que las municipales de mayo carguen con la primera bofetada, que el alcalde pague el enfado del votante, y presentarse Sánchez un mes después como el único candidato capaz de frenar a la ultraderecha. El susto y la salvación en el mismo paquete.
Que siga agosto.






