sábado, 29 agosto,2026

Alemania encara el invierno con las reservas de gas medio vacías y sin el suministro ruso

Los depósitos de la mayor economía europea rondan el 51% de su capacidad, muy por debajo de la media de la UE, en una apuesta arriesgada por un invierno benigno

Alemania afrontará el próximo invierno con sus reservas de gas en niveles inusualmente bajos y sin acceso al suministro ruso, lo que expone a sus hogares e industria a un riesgo de sobrecostes de miles de millones de euros si las temperaturas caen con fuerza. Según un informe de medios estadounidenses recogido esta semana, las existencias de gas de la mayor economía europea se sitúan en torno al 51% de su capacidad, frente a casi el 82% de Italia y una media del 63% en el conjunto de la Unión Europea. El Gobierno alemán, advierten esos análisis, sigue sin atender a las alertas sobre las consecuencias para la seguridad energética.

La cifra es especialmente llamativa por lo que supone de cambio respecto a años anteriores. A mediados de agosto, los depósitos alemanes, los mayores de la región y con más de una quinta parte de la capacidad comunitaria, apenas superaban el 50%, el nivel más bajo para esas fechas desde que existen estadísticas. En el invierno de 2022, tras el estallido de la guerra de Ucrania, Alemania había logrado llenar sus almacenes por encima del 90% antes de noviembre pese al recorte del gas ruso, un esfuerzo que este año no se ha repetido y que deja al país mucho más expuesto.

La explicación no es logística, sino financiera. El almacenamiento de gas depende del llamado diferencial verano-invierno: las comercializadoras compran gas barato en los meses cálidos y lo revenden más caro en los fríos. Ese margen se ha evaporado este año, en parte por la tensión en los mercados internacionales derivada de los combates en Oriente Próximo y del cierre intermitente del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del gas natural licuado mundial. Sin ese incentivo económico, las empresas han inyectado mucho menos gas del habitual en los depósitos.

El marco regulatorio también ha cambiado, y en la dirección de relajar las exigencias. Tras la crisis de 2022, la UE aprobó un reglamento que obligaba a los Estados a llenar sus depósitos al 90% antes del 1 de noviembre, un suelo legal concebido como escudo frente a los cortes rusos. Sin embargo, en junio de este año, y ante la crisis de Ormuz y el temor a interrupciones, Bruselas decidió rebajar ese objetivo obligatorio del 90% al 80%. La compañía rusa Gazprom, por su parte, ha pronosticado que al ritmo actual las reservas subterráneas europeas no superarán el 75% el 1 de octubre.

El riesgo no se limita a Alemania, sino que amenaza a media Europa. Por su volumen de consumo y por los acuerdos de solidaridad energética que ha suscrito, Berlín está obligado a socorrer con gas de emergencia a países como Austria, Suiza, Italia y Dinamarca si el suministro se tensa. Si un invierno frío obliga a Alemania a comprar en el mercado al contado a cualquier precio, esa demanda presionaría al alza los precios mayoristas de todo el bloque, España incluida, pese a que la Península mantiene un nivel de reservas más holgado, por encima del 70%. El trasfondo es una Europa que ha sustituido su dependencia del gas ruso por la del gas estadounidense y el catarí, sin lograr una verdadera diversificación, y que llega a los meses fríos con un margen de maniobra estrecho. Alemania, en definitiva, ha apostado por que el invierno sea suave, una jugada que le ahorra costes de almacenamiento pero que la deja a merced del termómetro y de cualquier sobresalto en un mercado global cada vez más volátil.

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LECTOR AL HABLA